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Un bebé de 16 meses, el primer caso de escorbuto del antiguo Egipto. Murió cuando apenas había cumplido los dieciséis meses pero para entonces el déficit de vitamina C ya había quedado registrado en su pequeño esqueleto. Un bebé -hallado por una misión de egiptólogos en la sureña Asuán, a unos 800 kilómetros de El Cairo- se ha convertido en el primer caso de escorbuto detectado entre los habitantes del Antiguo Egipto.

Las huellas de la falta de vitamina C -necesaria para la síntesis de colágeno en los seres humanos- aparecen desperdigadas por el cuerpo del menor descubierto en 2009 en Nag el Qarmila, un pequeño asentamiento ubicado a 15 kilómetros al norte de Asuán que data de la época predinástica (3800 a 3600 aC).

La misión italo-egipcia que dirige el proyecto arqueológico Asuán-Kom Ombo desenterró los restos aislados del bebé que desde entonces han permanecido en los almacenes del ministerio de Antigüedades egipcio. Examinados con microscopio, un estudio publicado este jueves, desvela que “las lesiones rugosas de los huesos de las extremidades” sugieren el primer caso diagnosticado de escorbuto en Egipto. La falta de vitamina C -identificada hace más de dos siglos por un médico naval británico- era común entre los marineros que sobrevivían a base de dietas huérfanas de fruta fresca y hortalizas.

Aunque los investigadores -liderados por la egiptóloga italiana Maria Carmela Gatto, de la universidad estadounidense de Yale- no han logrado precisar la causa de su muerte, las pesquisas apuntan a que el menor pudo fallecer como consecuencia de “las complicaciones de la infección, la caquexia (desnutrición extrema) o un infarto, a menudo visto en los casos de escorbuto”.

Tampoco existe, de momento, una explicación a la presencia de este déficit en un bebé que residía en un entorno fértil, regado por el Nilo. Según los investigadores, sus achaques pudieron estar relacionados con hábitos de alimentación o comportamientos culturales. “Los habitantes de la zona practicaron una subsistencia mixta que incluía el cultivo de cereales, el pastoreo de ganado y la recolección de frutos silvestres y tubérculos”, indica el estudio.

La variedad de alimentos, sin embargo, no evitó la propagación del escorbuto. De hecho, se han encontrado remedios médicos citados en papiros egipcios. “Si bien la carne, los lácteos y el pescado habrían proporcionado hierro y proteínas, habrían contribuido poco en términos de vitamina C. Las plantas silvestres y cultivadas como nueces, tubérculos y semillas, aunque contienen algo de vitamina C, pueden haber sido objeto de procedimientos de cocción y almacenamiento que redujeran su cantidad de ácido ascórbico hasta un 50 o un 80 por ciento”, señala el ensayo científico.

La extrema juventud del menor examinado también abre la puerta a que su madre o nodriza sufriera escorbuto. En un comunicado, el ministerio de Antigüedades egipcio ha subrayado la importancia de la investigación aún inconclusa para proporcionar información sobre “el grado de interdependencia entre los hábitos culturales y el medio ambiente en el Egipto predinástico”.

El equipo, que horada desde 2005 zonas arqueológicas próximas a la sureña ciudad de Asuán, ha firmado investigaciones que desvelan una “época histórica crucial” anterior a la unificación del valle del Nilo en la que se fijaron losfundamentos políticos sobre los que se construyó el fascinante Egipto de los faraones.

En 2011 el proyecto de Gatto rescató una inscripción tallada en roca con el dibujo más antiguo de un monarca egipcio, que data de la llamada Dinastía cero (3.200-3.000 a.C.), un período que asistió a un complejo proceso de unión política hasta la creación del estado y el nacimiento de la primera dinastía. El hallazgo incluía una serie de jeroglíficos y las primeras estampas de una celebración real, que -para sorpresa de los egiptólogos- es exactamente igual que la conocida en las diferentes épocas faraónicas.

Artículo: Francisco Carrión