El archivo de cartas de Amarna

El periodo de Amarna (1347 – 1336 a.C.) supuso, sin duda alguna, una de las etapas más singulares de la historia del antiguo Egipto. El establecimiento de la capitalidad egipcia en un territorio totalmente virgen hasta el momento, la revolución artística en las representaciones del faraón y su familia o los cambios introducidos en el mundo religioso son algunos de sus aspectos de mayor peso, pero no los únicos. A finales del siglo XIX, una campesina descubrió por casualidad las llamadas Cartas de Amarna, un archivo de documentación contemporáneo a Amenhotep III (1390 – 1352 a.C.) y Amehotep IV/Akhenaton (1352-1336 a.C.) que se ha convertido en un gran tesoro de la egiptología.

Hacia el 1347 a.C., en su quinto año como soberano, Amenhotep IV dio un giro radical a su reinado al cambiarse el nombre: pasó a llamarse Akhenaton, que literalmente significa “aquel que actúa efectivamente en bien de Atón”. Como parte de su programa revolucionario, el faraón trasladó la capitalidad del país a una ciudad de nueva creación en un territorio nunca antes habitado: Tell el-Amarna, conocida originalmente como Akhetaton, es decir, “horizonte de Atón”.

Amarna se desarrollaba a lo largo de una arteria principal, la Vía Real, que corría de norte a sur en paralelo a la orilla oriental del río Nilo. Partiendo de su límite septentrional, encontramos sucesivamente los distintos barrios y monumentos de la ciudad: el palacio de Akhenaton, el templo de Atón, la residencia real, el palacio de Nefertiti, las oficinas administrativas y los templos menores… En total, se ha podido calcular que la ciudad podría haber llegado a albergar a 20.000-30.000 habitantes.

Como particularidades, la nueva capital carecía de planta ortogonal en casi toda su superficie. Sus calles principales eran bastante amplias, pero no se entrecruzaban formando ángulos rectos; de hecho, muchas de ellas ni siquiera eran rectilíneas.

En contraposición, las calles transversales que atraviesan las principales eran estrechas e irregulares en su recorrido. Por otro lado, muchas de las viviendas urbanas contaban con su propio pozo, lo que las hacía independientes del río Nilo para su suministro diario de agua.

Artículo: Heródoto de Halicarnaso

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Las princesas de Amarna

La pareja real de la formada por Amenhotep IV Akhenaton y Nefer Neferu-Aton Nefertiti, de la XVIII dinastía egipcia, además de liderar una revolución religiosa y un cambio político, fundando, incluso, la nueva capital del país en Akhetatón, tuvieron seis hijas a lo largo de su reinado.

Sus nombres eran Meritatón, Meketatón, Ankhesenpaatón, Neferneferuatón-Tasherit, Neferneferura y Setepenra. Las tres hijas mayores ya habían nacido cuando se fundó la ciudad de Akhetatón, en la actual Tel El Amarna y las tres pequeñas nacieron en la ciudad del Sol.

El hecho de aparecer estas hijas en los monumentos de la época, y desaparecer las que iban muriendo, ayuda a datarlos en esta convulsa y desconocida etapa de la historia egipcia.

No obstante, vamos a considerar casi todo lo expuesto como hipótesis o supuestos, ya que la mayoría de evidencias fueron borradas sin piedad al finalizar el período denominado amárnico. Pero me atendré a las opiniones de historiadores y egiptólogos reputados, señalados en la bibliografía, para la siguiente exposición.

Artículo: Marta Pérez Torres

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Ankhesenpaaton, la Reina niña

Para adentrarnos en el personaje de Ankhesenpaaton, debemos conocer en primer lugar el complicado contexto histórico en el que nació.

Esta misteriosa mujer nació al final de la dinastía XVIII, una de las tres que forman el Imperio Nuevo egipcio. Era una época convulsa, con grandes cambios, desorden, descontentos, crisis y conspiraciones. Una época tan atrayente como desconocida: la actualmente llamada “Época de Amarna”.

Esta etapa marcó un antes y un después en toda la historia de Egipto, a nivel económico, político, administrativo y religioso, en la que un faraón, Amenhotep IV, Akhenatón, destinó todo su esfuerzo a crear el culto a un dios único, dejando de lado el culto a los dioses ancestrales de su sociedad. Esto supuso la pérdida de poder del muy poderoso clero de Amón, el cambio de la capital del Imperio a una ciudad recién creada en una zona hostil y desértica, a la que llamaron Akhetatón, y la presencia de consejeros de inexpertos allegados al faraón. Todos estos cambios también dejaron su huella en las representaciones artísticas del momento.

Pero volviendo a nuestra reina, Ankhesenpaatón fue uno de los personajes desconocidos pero apasionantes de esta Época Amarniana. Observaréis que en el presente artículo, utilizo en números ocasiones las palabras “probablemente”, “se especula”, y otras expresiones parecidas, debido al gran desconocimiento existente sobre este personaje, para el que la mayoría de los datos no dejan de ser hipótesis, unas más lógicas que otras.

Fue la tercera de las seis hijas que Akhenaton tuvo con su esposa Nefertiti. Su nacimiento se sitúa probablemente en Tebas, entre el quinto y sexto año del reinado de su padre, ya que la familia real se trasladó a la ciudad de Akhetaton en el sexto año del reinado. Le pusieron por nombre Ajkhesenpaaton, “la que vive por Atón”.

Es de la única hija de Nefertiti de la que se conoce el nombre de su nodriza, tal y como reza un bloque expuesto en el Metropolitan Museum de Nueva York, y de la que se dice: “La nodriza de la hija del rey Ankhesenpaaton, Tia.”

Algunos de sus títulos fueron: Princesa Heredera, Grande de Alabanzas, Dulce de Amor, Señora de las Dos Tierras, Esposa del Gran Rey, señora del Alto y Bajo Egipto. Aunque también se lee en algunos monumentos de Amarna: Hija del Rey ,de su cuerpo, su amada Ankhsenpaaton, nacida de la Esposa Real, su amada, Señora de las Dos tierras.

Se especula con que su padre la pudo tomar como esposa tras la desaparición de Nefertiti de la vida política, aunque no existen pruebas claras que lo confirmen. Se habla incluso de una Ankhesenamón Tasherit, que pudo ser hija de Ankhesenpaaton y de su padre, Akhenaton.

Artículo: Marta Pérez Torres

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Egipto y Chipre: el comercio en la Edad del Bronce

La isla de Chipre (la tercera más grande del mar Mediterráneo) ha ocupado, ya desde la Antigüedad, una destacada posición dentro de la cultura y la historia del Próximo Oriente, incluso durante la Edad del Bronce. Precisamente durante este periodo (especialmente en la etapa del Bronce Final), Chipre fue un territorio sumamente próspero y avanzado culturalmente, que disfrutaba de la alfabetización (aunque su alfabeto, el Chipro-minoico aún no ha conseguido ser descifrado por completo), producía y exportaba grandes cantidades de cobre y realizaba intercambios comerciales con el Egeo, el Levante siro-palestino y, por supuesto, Egipto. Como muchos investigadores actuales consideran, la gran importancia que tuvo Chipre como puerto comercial y de intercambio de bienes (tanto de prestigio como de primera necesidad), provenía de su importante situación geoestratégica, que le permitía actuar como puente entre los diferentes territorios del Mediterráneo oriental.

Toda esta situación anteriormente descrita es lo que ha permitido la identificación de Chipre como la Alashiya que aparece mencionada en diversos documentos ugaríticos, hititas o egipcios. De hecho, a través de las Cartas de Amarna se pudo comprobar que llegaron a Egipto comerciantes procedentes de Alashiya, autorizados a realizar diversos intercambios con el país del Nilo, entre cuyos productos destacaba el cobre. Por ello, a continuación, realizaremos un recorrido a través de las relaciones comerciales entre Chipre y Egipto durante la Edad del Bronce, a través de las evidencias literarias y arqueológicas.

La posición de Chipre fue una de las principales claves para el desarrollo de su floreciente comercio internacional, debido a que se encontraba conectada con las rutas más importantes del Próximo Oriente. Suponía el centro del tradicional itinerario de navegación seguido por los marinos de la Edad del Bronce y que conectaba a la Grecia continental con Creta, la costa sur de Anatolia, Egipto y el Levante siro-palestino. Por ello, no es de extrañar que muy pronto surgiese una transitada ruta de cabotaje que uniese a Egipto con Chipre, en la que los navegantes aprovechaban las corrientes marinas y los vientos favorables para alcanzar ambos territorios.

Las relaciones comerciales entre Egipto y Chipre comenzaron en torno a finales del Imperio Antiguo o comienzos del Imperio Medio, aunque durante ese periodo tuvieron un carácter bastante esporádico. Ello se debió a que, la distancia existente entre la isla y el Delta del Nilo era demasiado grande para ser navegada por los barcos de la Edad del Bronce Temprano y Medio. Pese a las dificultades, la primera referencia a la isla se fecha sobre el año 1900 a.C., cuando una incursión del rey Amenemhat II exportó cobre y otros metales desde Chipre hasta Egipto, no sabemos si a través de una ruta directa o indirecta, por Siria. En cambio, arqueológicamente, se ha podido documentar material egipcio en suelo chipriota ya durante el Calcolítico y comienzos de la Edad del Bronce Temprana, con el hallazgo de cuentas de collar elaboradas con fayenza o vasos de alabastro depositados en tumbas. Este material ha sido considerado como prueba del contacto indirecto, seguramente a través de ciudades sirias como Ras Shamra.

Artículo: Lucía Avial-Chicharro

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Tumbas de los Nobles, Necrópolis del Norte, en Tell Amarna

Situada entre la capital Akhetatón y el llamado Valle Real, fue el lugar de entierro de varios nobles de la época época, correspondientes a la dinastía XVIII y al reinado de Akhenatón y sus sucesores.

En realidad existen dos grupos, en un numero aproximado de 25, y están situadas en los acantilados, al norte y al sur de la ciudad. Muchas están decoradas espléndidamente e incluyen los nombres de sus propietarios, algunas son pequeñas y sin terminar, otras modestas y sin pretensiones.

Cada una parece reflejar la personalidad del propietario original. La obra básica de consulta, es la realizada por el arqueólogo Norman Garis Davies: Rock Tombs of Amarna, en 1903/8, como resultado de las excavaciones.

Artículo: Bartomeu Egea Resino

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