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Sesostris III: un nuevo canon faraónico

Pensar en la época faraónica, para la persona promedio, es hacer la remembranza de un estereotipo bastante gastado puesto que hacen relaciones mentales de un periodo que se cree fue de leyenda. Después de todo, dichos juicios no pueden estar tan alejados de la realidad pues precisamente los antiguos egipcios, en su afán de legitimar a modo de propaganda el estado egipcio, se hacían valer de diversos recursos retóricos. No obstante, sin afán de profundizar en dichos aspectos propagandísticos de los antiguos faraones, es importante hacer mención de ellos.

Y es que el faraón no era, a como lo concebimos en la percepción occidental -en cuanto a la monarquía europea- un enviado de un dios supremo para gobernar a sus súbditos aquí en la tierra, sino un dios encarnado. Un personaje que, aunque le esperase un destino mortal como a cualquiera de sus súbditos ‘’humanos’’, sería inmortal después de la muerte. Por paradójico que eso pudiera sonar para nosotros, dicha afirmación describía la más famosa leyenda del panteón egipcio: faraón era Horus en la tierra, el ‘‘ideal’’ de monarca (o al menos debía aparentar serlo) y Osiris después de la muerte.

Legitimar el gobierno no fue en todos los periodos tarea fácil, especialmente en el Reino Medio. Herederos del tumulto político que significó el Primer Periodo Intermedio, posterior a los despilfarres de las grandes pirámides y donde el país se vio plagado de conflictos internos, los monarcas del Reino Medio tuvieron, por así decirlo, mucho que ‘’enmendar’’.

En la segunda imagen podemos apreciar que dicho periodo se encuentra, cronológicamente hablando aislado tanto del Reino Antiguo como del Reino Nuevo. Sería bueno considerarlo como un tipo de ‘’limbo’’ histórico-político pues dicho aislamiento es lo que le hace tan especial.

Artículo: Amairani Avid Nava

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