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Entre los años 332-331 a.C. Alejandro Magno había conquistado Egipto y fundó Alejandría, como resultado se produjo el contacto entre diferentes culturas. El general macedonio había conseguido gobernar un gigante imperio, pero su idea era constituir una monarquía de manera oficial que aunara cada uno de los territorios conquistados. Pero diez años después, en el 323 a.C., Alejandro muere de forma repentina en Babilonia. La consecuencia de su muerte fueron años de interminables guerras entre sus generales, los Diadocos, que como era de esperar, se disputaron los territorios conquistados. Egipto quedó bajo las manos del general Ptolomeo, nombrado sátrapa de Egipto. Éste no dudó en trasladar la capital egipcia de Menfis a Alejandría. Para legitimar el hecho, de manera simbólica, hizo que el sarcófago con los restos de Alejandro quedara depositado en el Sema de Alejandría. No obstante, la constitución definitiva como reino Ptolemaico fue un proceso largo y caracterizado por numerosas guerras.

Ptolomeo trató de expandirse hacia Grecia pero fue frenado de sus intenciones por otro diádoco, Antígono, el cual se había denominado Rey. Los demás Diádocos imitaron a Antígono tomando este título. Por lo que Ptolomeo pasó a denominarse Ptolomeo I Sóter (“salvador”), fundando una de las dinastías egipcias más conocidas, la Ptolemaica o Lágidas (por el padre de Ptolomeo, Lagos). Una vez que Ptolomeo consolidó su poder sobre tierras egipcias, introdujo al nuevo dios, pues la nueva capital necesitaba una divinidad tutelar que recogiera, tanto los elementos de la tradición egipcia como ciertos caracteres griegos asimilables por la población helena allí instalada.

La mayor parte de la bibliografía coincide en que Ptolomeo tiene la autoría de la introducción de Serapis, pero existe el problema de que los relatos fundacionales no coinciden, debido a que desde esta época no existió unanimidad sobre la procedencia de la divinidad.  Una de las versiones que defendían los amigos de Alejandro Magno era que Serapis había viajado desde Babilonia hasta Sínope y de ahí a Alejandría. En egipcio Sínope es Sen-Hapi “morada de Apis” y, en este sentido, Estéfano de Bizancio hace alusión a Sinôpion como una colina en Menfis, donde se desarrollaba el culto de Apis y de Otor-Hapi ante de la llega de los macedonios.

Artículo: Verónica Reyes Barrios

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