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Rosetta: la clave que descorrió el velo

La campaña de Egipto y Siria emprendida por Napoleón Bonaparte tenía como objetivo la conquista de Egipto para cerrar a los británicos el camino a la India, en el marco de la lucha contra Gran Bretaña, la única potencia hostil a la Francia revolucionaria.  Corría el año 1798 cuando el emperador francés atracó su flota cerca de Alejandría y movilizó sus tropas hacia el sur para luchar contra los ingleses cerca de El Cairo.

Los franceses ganaron la batalla terrestre pero la Marina inglesa, conducida por Lord Nelson, hundió a la flota francesa. Esta circunstancia extendió la estadía del ejército francés en Egipto, dando lugar a uno de los descubrimientos más importantes de la Historia.

En el año 1799, cerca del puerto de Rosetta el oficial francés Pierre Bouchard se encontraba realizando tareas de rutina cuando descubrió una piedra negra de 1,18 metros de largo por 73,1 centímetros de ancho; se trataba de un bloque que formaba parte de una estela dividida en tres franjas horizontales, en cada una de las cuales estaba grabado un texto en tres escrituras diferentes: jeroglífico, egipcio demótico y griego.

Un grupo de estudiosos que participaba de la expedición se dio cuenta del valor  de la piedra, la que fue transportada al Institute d’Egypte en El Cairo.

Pero en el año 1801 los ingleses derrotaron definitivamente a los franceses y la Piedra de Rosetta se convirtió en una posesión inglesa, como parte del tratado de Alejandría. Fue transportada a Londres en 1802 donde actualmente se la conserva exhibida en el Museo Británico.

 

Artículo: Lucía Inés Merino

 

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