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En el anterior número de Egiptología 2.0 , a través del artículo “Repercusión del ciclo de Calipo en el Calendario Alejandrino”, ya veíamos los controvertidos efectos de la duración real del año trópico, provocando un continuo recalibraje de los ciclos lunisolares y obligando a demorar la implantación del año bisiesto, tal y como pretendía el “Decreto de Canopo”. Pero los efectos de la duración real del año trópico todavía pueden, y deben, extenderse a otros aspectos de la ordenación y medición del tiempo en el antiguo Egipto, como es el caso del ciclo sotíaco.sol

Tradicionalmente, a este ciclo se le atribuye un lapso de 1.460 años. En este punto, hay que llamar la atención sobre el hecho de que este periodo, basado en la repetición de un determinado fenómeno astronómico (a saber, la concomitancia entre el día de año nuevo con el orto helíaco de la estrella Sirio), no fue ni medido ni postulado por una autoridad en el ámbito de la astronomía, como tampoco se emplearon para su cálculo los datos científicos más precisos y modernos involucrados en la observación de la bóveda celeste. Fue el cronógrafo clásico Censorino quien, durante el transcurso del siglo III, razonó la extensión del ciclo sotíaco en base a los siguientes argumentos:

“La Luna no determina el Gran Año verdadero de los egipcios, que los griegos llaman Kunikon [del Perro] y los latinos Canicular, porque toma como año principal aquel en que la elevación helíaca de este astro se produce el primer día del mes que los egipcios llaman Thot. Debido a que el año civil [egipcio] sólo dispone de 365 días, sin contemplar un día intercalar cada cuatrienio, al cabo de cuatro años naturales se produce el adelanto de un día. Por lo tanto, deben transcurrir 1.461 años para volver al principio. Este año es llamado “Helíaco” [heliakos] por unos y “Divino” [theou] por otros” (Censorino, De die Natali , cap. 18).

Es necesario aclarar que, pese al dato aportado por el cronógrafo griego, cada ciclo sotíaco abarcaría, a tenor de su razonamiento, tan solamente 1.460 años, puesto que el año 1.461 del primer ciclo equivaldría, a su vez, al primer año del segundo ciclo, solapándose así ambos engranajes. En todo caso, y gracias a los avances de la tecnología, se ha podido constatar que la estimación de 365’25 días para el año solar, empleada por Censorino a la hora de elaborar sus cómputos, es ligeramente inexacta.

El año trópico, que mide las posiciones relativas del Sol y de la Tierra y que especifica el lapso temporal transcurrido durante dos solsticios de la misma naturaleza, abarca, aproximadamente, 365’242189 días, como demostró el astrónomo francés Joseph Jérôme Lefrançois de Lalande (1732-1807), lo que viene a expandir el ciclo sotíaco a 1.507’087 años. Pero todavía existe otro tipo de año, el sidéreo o sideral, que refleja el tiempo que tarda en reproducirse la posición relativa de la Tierra y del Sol con respecto a una estrella de escaso o nulo movimiento aparente, año que abarca un total de 365’256363 días, con lo que el ciclo sotíaco quedaría reducido a 1.423’7623 años.

Artículo: Alfonso Daniel Fernández Pousada

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