La inmensa mayoría, sino todas, las personas que nos sentimos atraídas por la historia, el arte, o alguna otra faceta de Egipto, afirmamos, sin pestañar, nuestro conocimiento ante una pregunta lanzada en torno a “tal o cual” característica, aspecto, o faceta de la vida de Tutankamon, Hatshepsut, Akhenaton, etc., e incluso tenemos una teoría propia para explicar el método de construcción y levantamiento de las pirámides.

Ahora bien, la situación se torna peliaguda cuando en esta misma interpelación se solicita información relativa al embrión de la historia de Egipto, la llegada del ser humano al Valle, el surgimiento de las primeras comunidades…¿Alienígenas?. A modo de resumen

El Pleistoceno se acompañó de cambios, tanto en la geografía como en la demografía del territorio norteafricano, pues, las investigaciones realizadas han desvelado las alteraciones y transformaciones experimentadas por el Nilo, así como las etapas de carencia de agua, que habían ocasionado el vacío casi total de grandes extensiones de terreno en lo que actualmente se conoce como el desierto del Sáhara, quedando, algunos grupos humanos, supeditados a puntos concretos, donde sobrevivieron gracias a la obtención de los productos allí existentes, fundamentalmente restringidos a las grandes corrientes fluviales. Hacia el 10000 a.C., al término del Paleolítico, la clima tología sufría una serie de convulsiones y variaciones, que llevaron a la desaparición de las glaciaciones padecidas durante milenios, o millones de años, en los espacios boreales de Europa y Norteamérica fundamental mente.

Las planicies desérticas y desoladas del Norte de África también se verían sujetas a estos fenómenos climatológicos, pues, los factores medioambientales que iban a acontecerse y extenderse sobre ellas, trajeron consigo un mayor porcentaje de humedad, cuyo poder de impregnación y penetración transformaría progresivamente el paisaje, surgiendo ríos y lagos, emergiendo grandes lagunas, que constituyeron un empuje para la proliferación de vida, y a cuyo alrededor germinó un oasis de vegetación, con caza, pesca y pastos suficientes para mantener a las diferentes comunidades que allí se fueron fundando.

Artículo: Hipólito Pecci Tenrero

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