La situación político-económica y social de España durante el siglo XIX no permitió a nuestro país conformar una gran colección de antigüedades egipcias, algo que sí hicieron los más prestigiosos museos europeos (Museo Británico, Louvre, Museo Egipcio de Turín, Museo Egipcio de Berlín, Hermitage, etc.). Sin embargo, por diversos avatares de la historia, bien a través del coleccionismo real, bien como consecuencia de expediciones científicas o por relaciones diplomáticas, algunas piezas egipcias, de extraordinaria calidad y factura, pueden contemplarse en instituciones museísticas españolas en la actualidad.

Tras el redescubrimiento de la cultura egipcia a partir de la Expedición Napoleónica a Egipto y Siria (1798-1801), las potencias europeas se lanzan sobre el país, en una carrera febril por nutrir a sus museos con el mayor número de antigüedades posible, incluso poniendo en entredicho sus propias cualidades de potencia en función del prestigio de las mismas.

Esta actividad, tolerada y alentada por el gobierno egipcio, que buscaba industrializar el país con maquinaria de origen extranjero, llevó a los cónsules europeos a jugar un papel determinante en la adquisición de colecciones para los museos de sus países. Un claro ejemplo de ello se encuentra en la figura de Drovetti, un piamontés naturalizado francés, que reunió una vastísima colección que acabó vendiendo al rey de Piamonte, Carlos Félix, por 400.000 liras, constituyendo el núcleo central del actual Museo Egipcio de Turín, primero de este tipo en Europa.

Tan lucrativo negocio le llevó a reunir una segunda colección, que vendió a Carlos X, rey de Francia, el cual, asesorado por Champollion, la adquirió por 200.000 francos, conformando la base de los fondos egipcios del Louvre. Insaciable, Drovetti reunió una tercera colección, que esta vez ofreció al rey de Prusia, que la compró por 36.000 francos, dejándose, previamente, asesorar por el egiptólogo Karl Richard Lepsius, y que hoy enriquece los fondos del Museo Egipcio de Berlín. En cambio, España queda rezagada en esta apasionada carrera cultural, debido a la difícil situación política y económica que atraviesa el país en ese momento, y sólo la más cosmopolita y viajada burguesía, así como instruidos sacerdotes de órdenes religiosas, se interesarán por la cuestión.

Artículo: Alberto A. Vela Rodrigo

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