En el final de la Dinastía XII Egipto soporta una crisis estatal de ámbito político, cuya génesis pudo estar en los problemas sucesorios entre varios faraones, pero también en las infiltraciones y migraciones de poblaciones foráneas, que recibirían el apelativo de hicsos, en cuanto a gentes de los países extranjeros. La aparición de estos pueblos no ha dejado de ser una auténtico dilema en cuanto a su estudio en el marco de la antigua historia egipcia. Su origen así como su relevancia en territorio egipcio siguen siendo objeto de frecuentes investigaciones.

Es posible que, de modo genérico, la expansión hitita hacia las regiones de la Siria septentrional, haya provocado el desplazamiento hacia el sur de poblaciones de diversas etnias, entre ellas indoeuropeos y semitas, que acabarían entrando, inicialmente de forma pacífica en el delta del Nilo, pero posteriormente llevarían a cabo una conquista militar de los territorios aprovechando el empleo del doble arco, el carro de guerra y los caballos, que por entonces no se conocían en Egipto. Una de las pocas certezas en este sentido es que la penetración hicsa no se puede desligar de los cambios socio-políticos que operaban en la región asiática en los dos primeros siglos del II milenio a.e.c.

La mencionada crisis, que supuso una franca debilidad política de los faraones de la XIII Dinastía para mantener unificado Egipto, propició que los hicsos, que llevaban tiempo asentándose de modo progresivo en diferentes ciudades del país, se fueran haciendo más fuertes y ganando poder en enclaves cruciales, como Ichi-Tauy y Menfis. En tal sentido, se suele tomar como punto de partida su ascenso al poder en estas ciudades, hacia 1675-1640 a.e.c., para establecer la fecha de caída de la XIII Dinastía.

Artículo: Julio López Saco

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