Desde el Reino Medio, y, sobre todo, en el Nuevo, Egipto alcanzó cierto control comercial sobre las regiones de Nubia, al sur y Siria-Palestina, al noreste. Este hecho no significa, en cualquier caso, que hubiera habido una colonización socio-política y una conquista militar. Es más probable que la realidad consistiera en incursiones esporádicas con la intención de salvaguardar las rutas de comercio y propiciar la consecución de botín de guerra y ciertos suministros. Parece difícil pensar que los motivos para este “imperialismo” hayan sido de carácter ideológico o socio-político.

Durante el Reino Medio, los faraones de la Dinastía XII usaron fuerzas militares en Nubia como medio de control de la región. Tal hecho se verifica gracias a la cadena de fortalezas allí existentes, cuya finalidad, en cualquier caso, habría de ser dominar el comercio del Nilo. En las fortalezas se han encontrado, en tal sentido, grandes almacenes. Su presencia aseguraría una continuada presencia militar en la zona y la posibilidad de enviar nuevas campañas a la Baja Nubia cuando hubiera necesidad de sofocar alguna amenaza.

La presencia de grandes graneros en la fortaleza de Askut y en los palacios de campaña de que las fortalezas de la Baja Nubia en este período dinástico serían una forma de avanzada hacia el corazón de África, y no una frontera defendida con solvencia. La gran capacidad de almacenamiento pudiera implicar un acopio de materiales y productos importados por los egipcios cuyo final destino podría ser Tebas.

En el Reino Medio, por el contrario, hay escasa presencia permanente egipcia en Palestina. No obstante, durante las Dinastías XII y XIII hubo contactos con el Egeo y el Levante, aunque no se puede saber el grado de control económico y político egipcio sobre estas regiones. Según algunos restos de los Anales de Amenemhat II, acontecieron dos incursiones en el Levante durante su reinado; la estela de Khusobek, por otra parte, menciona una expedición contra la ciudad palestina de Schechem en época del reinado de Senusret III.

Artículo: Julio López Saco

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