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La belleza de las ruinas sumergidas frente a las costas de Alejandría en Egipto, podrán ser apreciadas por los turistas, gracias a un proyecto de la UNESCO que busca crear un museo subacuático, que permita apreciar la ciudad que dejaron bajo el agua hace más de 1.000 años diversos terremotos.

Fundada por Alejandro Magno en el año 331 a.C., sus restos fueron encontrados a comienzos del siglo XX.

En el año 332 a. C., Egipto estaba bajo el dominio persa. Ese mismo año, Alejandro Magno entró triunfante en Egipto como vencedor del rey persa Darío III y los egipcios lo aceptaron y lo aclamaron como a un libertador. En abril de 331 a. C., fundó la ciudad que llevaría su nombre en un lugar del delta del Nilo, sobre un poblado llamado Rakotis habitado por un puñado de pescadores.

La elección del emplazamiento fue muy afortunada pues estaba al abrigo de las variaciones que pudiera tener el río Nilo, y por otro lado, lo suficientemente cerca de su curso como para que pudiesen llegar a través de sus aguas las mercancías destinadas al puerto, a través de un canal que unía el río con el lago Mareotis y el puerto.

Al este de Alejandría (donde ahora está la bahía de Abu Kir) hubo varias islas y pantanos donde desde el siglo VII a. C., existían importantes ciudades como Canopus y Heraklion, esta última redescubierto recientemente bajo el agua.

El lugar estaba frente a una isla llamada Faro, que con el tiempo y las múltiples mejoras que se harían quedaría unida por un largo dique a la ciudad de Alejandro. El arquitecto que realizó esta obra se llamaba Dinócrates de Rodas. El dique tenía una longitud de siete estadios (185 m cada estadio), por lo que se le llamó Heptastadio. La construcción del dique conformó dos puertos, a ambos lados: el Gran puerto hacia el este, el más importante; y el Puerto del buen regreso, al oeste, que es el que continúa utilizándose en la actualidad.

Artículo: Moisés González Sucías

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