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Reinas-faraón: soberanas de Egipto, parte II

En el anterior número de Egiptología 2.0 vimos las mujeres que a día de hoy son consideradas reinas faraón, es decir, aquellas de las que se conservan los datos necesarios para que los egiptólogos puedan afirmar con seguridad que llegaron a ocupar el trono como faraón.

No obstante, el paso del tiempo en algunas ocasiones, o la “damnatio memoriae” en otras,  nos dejan otros casos en los que aunque no se puede asegurar con certeza que llegaran a ser soberanas de Egipto, se sospecha que así pudiera haber sido.

”La amada de Neith”

El caso más antiguo del que alguna vez se ha sospechado que pudo llegar a gobernar como un rey es el de la reina de la I dinastía Merneith.

Hija, esposa y madre de faraones, esta mujer que vivió en los primeros tiempos de la civilización egipcia, sería originaria del norte. Esto lo podemos deducir por su nombre, ya que la diosa Neith procedía del norte de Egipto. Su matrimonio con un rey sureño habría servido para reforzar la reciente unión de Las Dos Tierras en tiempos de Narmer.

A la muerte de su marido, el hijo de ambos aún era un niño. Por tanto, se recurrió a la regencia de la reina madre, como sucederá en varios momentos del futuro del aún recién creado Estado egipcio.

Si en algo se puede dejar ver el poderío que alcanzó esta mujer es precisamente en su tumba. Durante esta etapa de la historia egipcia la realeza aún era enterrada en mastabas, y la de Merneith destaca por su tamaño, por las grandes estelas con su nombre inscrito en ellas para dejar clara su autoridad, y por el sacrificio ritual de sirvientes (que se dejará de realizar ya en la propia dinastía I).

Tal era la importancia de este enterramiento, que los egiptólogos del siglo XIX no podían concebir que hubiera sido realizado para una mujer. Por tanto, se interpretó que aquella construcción, rodeada de humildes enterramientos de sirvientes que le acompañarían en la otra vida, solo podía ser de un supuesto rey: Mer Neith, traduciendo las estelas en género masculino.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

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