La célebre novelista Agatha Christie (1890-1976), la reina del crimen, la dama del misterio, permitió que su pasión por la arqueología –que en gran medida le había sido transmitida por su esposo, el arqueólogo Max Mallowan (1904-1978)- se pudiese saborear en algunas de sus páginas más famosas, así como en otras que no lo son tanto. Entre las primeras, la que más trascendencia ha logrado es Muerte en el Nilo, uno de los casos paradigmáticos del detective belga Hércules Poirot, llevado a la gran pantalla en 1978 con un reparto de lujo, reuniendo delante de las cámaras a actores de la talla de Peter Ustinov, Bette Davis, Angela Lansbury o Mia Farrow. Pocos saben que en 1937, al mismo tiempo que Christie ponía por escrito la historia de ese letal crucero por el Nilo, también se dedicó a componer una obrilla de teatro, apenas conocida, con el sugerente título de Akhnaton. Por supuesto, el misterio no falta en esta pieza dramática, donde la muerte se pasea por Egipto, saldándose con el envenenamiento de Ajenatón, el suicidio de Nefertiti y un pregonero voceando a los cuatro vientos el decreto de retorno a la ortodoxia tebana. Bien podría haberse llamado Muerte en Amarna.

El período amarniense se ha convertido en un auténtico rompecabezas para la egiptología moderna: ¿Se enfrentaron los egipcios a una de las primeras epidemias de peste bubónica registradas por la historia? ¿Es posible que esta plaga guarde relación con un invierno nuclear ocasionado unas décadas antes por un paso del cometa Halley peligrosamente cercano a la Tierra? ¿Fue este objeto celeste interpretado como la llegada de la diosa lejana, el Ojo de Ra, la colérica Sejmet, a fin de ejecutar La Destrucción de la Humanidad? ¿Existe un complejo sentido astronómico detrás de la teología amarniense, tanto de sus orígenes, de sus progresos, como de su colapso? ¿Se valió la propaganda ramésida igualmente de la astronomía para asestar el golpe de gracia al dios Atón?

El especial magnetismo de Ajenatón ha atraído hacia Tell el-Amarna a numerosos investigadores que, emulando la mente crítica y penetrante de Poirot, se han adentrado en las aguas cenagosas y turbulentas del cisma religioso de la XVIII Dinastía, arrojando nuevas luces sobre este período. En este artículo aportaremos nuestro personal granito de arena, argumentando a favor del fuerte ascendente que la astronomía ejerció sobre las acciones y decisiones tomadas por los monarcas del Imperio Nuevo en general y de la época amarniense en particular.

Artículo: Alfonso Daniel Fernández Pousada

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