Bracara Augusta, ciudad de raíces muy antiguas, fundada por el emperador Augusto, cuenta con increíbles maravillas dejadas por los conquistadores romanos que la tornaron en un poderoso núcleo citadino. No obstante, la urbe también esconde una herencia egipcia: un encantador secreto en piedra.

Recorriendo la ortogonalidad de su trazado urbano, nos surge en primer plano una mezcla de elementos del período medieval y romano, resultando un sorprendente labirinto de calles cargadas de historia y de narrativas de un pasado distante, en las cuales se expresa el ADN de la ciudad. Como el Antiguo Egipto en África, el Imperio Romano también ha legado a Bracara Augusta una herencia memorable de tradiciones, de modos de vida, de monumentalidad y de irreverencia.

En la parte exterior de la Catedral de la ciudad -edificio de cronología medieval, con trazos románicos y barrocos-, en una pared de albañilería del altar mayor de la capilla de São Geraldo de Braga, en la cual pasa la calle de Nossa Senhora do Leite, nos encontramos con una notable epígrafe latina dedicada a la diosa egipcia, Isis.

Datada del siglo II, la epígrafe se encuentra in situ y es muy posible que, en tiempos, perteneciera a un templo, localizado en las inmediaciones de la actual catedral. Se encuentra grabada en un bloque arquitectónico de granito y posee cerca de 1,5m de longitud y 0,5m de altura (Sales & Sousa, 2003). No se conociendo la tridimensionalidad del suporte de la inscripción, se torna un poco moroso y complicado de certificar su clasificación tipológica, dado que se puede interpretar como una placa no enmarcada o como un bloque arquitectónico (Redentor, 2011).

Artículo: Cláudia Barros

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