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Los juegos de mesa, conocidos por todos nosotros, tienen mucha historia, y precisamente en Egipto tenemos la prueba más antigua de ellos. Gracias al clima árido de la tierra del Nilo se nos han conservado juegos de tableros de casi todos los materiales: fayenza, madera, arcilla, marfil… En numerosas tumbas egipcias, entre el ajuar funerario, han aparecido sets de juegos, desde el Reino Antiguo hasta el final de la época dinástica. Como complemento también contamos con representaciones en tumbas y textos.

La arqueología nos confirma que estos juegos no solo eran para la elite social, sino que se podían adaptar a todos, encontrando desde lujosos tableros de marfil hasta sencillos tableros de piedra o arcilla; mientras la etnología nos muestra como los jugadores modernos pueden jugar con el trazo del tablero en la misma arena. Con piedras como fichas y astrágalos como dados, todos, ricos o pobres, adultos o niños, podían disfrutar de un juego de mesa.

Por desgracia, las reglas de los juegos de tablero se trasmitían de manera oral, por lo que no tenemos ningún tratado de reglas de los juegos egipcios. Para poder saber más de ellos, los especialistas se han basado en el análisis de los diálogos de los jugadores que aparecen en la iconografía, y en la observación etnográfica.

Para el caso de los juegos de mesa egipcios, sabemos que éstos combinaban la estrategia con la suerte, moviendo las fichas a través del tablero que avanzan al arrojar palos o astrágalos, ya que los dados no se conocen hasta la época grecorromana.

Artículo: Aroa Velasco.

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