Los servidores de los dioses

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Hoy en día en los edificios religiosos puede entrar cualquier fiel para rezar o asistir a distintas ceremonias, pero en los templos antiguos el acceso estaba restringido. Esto era así porque se consideraba que el templo era literalmente la casa de la divinidad, no un lugar de reunión para los fieles. En el caso de los templos egipcios, únicamente el faraón y los sirvientes de los dioses, es decir, el clero, podían acceder más allá del primer patio.

Durante toda la historia egipcia el faraón fue el jefe religioso que realizaba los principales ritos. Pero para el culto diario era imposible que el faraón estuviese presente en todos los santuarios de Egipto, y ahí es donde entran los sacerdotes, en los cuales el faraón delegaba su poder para que realizasen el culto diario en su nombre. Esto era algo de vital importancia para la mentalidad egipcia, pues en caso de no presentarles las debidas ofrendas los dioses podían darle la espalda a Egipto, con catastróficas consecuencias. De manera que el faraón (y los Sumos sacerdotes de cada templo en representación suya) era el garante de que reinara el Orden o Maat, frente al caos.

En el momento en que un egipcio entraba a servir a la divinidad como sacerdote pasaba a formar parte de una rígida jerarquía con varios niveles. Un sacerdote podía ir escalando posiciones desde abajo hasta los puestos intermedios o altos.

Cada templo era autónomo, es decir, no había ninguna subordinación jerárquica con respecto a cualquier otro clero o templo. Pero sí se podía ser sacerdote de varias divinidades de distintas localidades. Esto solo indicaba la pertenencia de esa persona a organizaciones sacerdotales paralelas.

Según la jerarquía sacerdotal, el clero se clasificaba en alto o bajo. El alto clero era el encargado del culto y las funciones directivas y disciplinarias. Dentro de este grupo encontramos al Primer servidor del dios (mal traducido en ocasiones como Primer Profeta), que era el Sumo sacerdote. Su importancia y prestigio eran directamente proporcionales a los del dios al que servía. En algunos periodos de la historia de Egipto llegó a rivalizar con el propio faraón. Era el único, además del rey, que podía acceder al Sanctasanctórum.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras.

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