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En este breve artículo se analizan las influencias que las particularidades del relieve y la climatología egipcias tuvieron en la configuración de una parte relevante del imaginario antiguo, específicamente el paisaje mítico. La tan peculiar topografía y orografía egipcia, sus regiones desérticas, suaves colinas y promontorios y afloramientos rocosos, así como sus zonas fértiles y verdes, se convirtieron en referentes míticos, en ocasiones traducidos en estructuras pétreas. La vegetación, el específico régimen pluviométrico egipcio, las áreas pantanosas y, naturalmente, el río Nilo, que fueron decisivos en el asentamiento de las gentes desde los tiempos más arcaicos, probablemente desde el Paleolítico, sirvieron para galvanizar ideas cosmológicas originarias. Lo mismo ocurrió con los astros, sobre todo el Sol la Luna y las estrellas. Incluso algunos ejemplares característicos de la fauna egipcia fueron estrechamente vinculados con deidades.

El duat, el mundo subterráneo a través del cual el dios del sol y los seres humanos fallecidos tienen que viajar, se encontraba atravesado por un poderoso río, contenía desiertos infestados de serpientes, lagos de fuego e islas misteriosas. En una sección de los Textos de los Sarcófagos conocida como El Libro de los Dos Caminos , existían mapas que mostraban la localización de los cielos para el muerto, como el Campo de las Ofrendas y las Mansiones de Tot y Osiris. Uno de los senderos a través del mundo subterráneo era por el agua, mientras que otro por tierra. Los paisajes míticos se han inspirado, en consecuencia, en la peculiar geografía egipcia.

Los afloramientos rocosos y las colinas cónicas que asemejan las pirámides posteriores fueron marcas del terreno y lugares de reunión. Las tierras húmedas y verdes con hierba eran el hogar de una gran variedad de vida salvaje. Muchos animales, como el buitre, el león, el chacal o la gacela, entre otros varios, fueron asociados con las deidades egipcias. La ausencia de precipitaciones regulares hizo imperativo que la gente buscase fuentes permanentes de agua. Algunos grupos, los más, se asentaron en los márgenes del valle del Nilo y se aventuraron hacia las zonas pantanosas entre animales como hipopótamos, cocodrilos, toros salvajes o serpientes.

Artículo: Julio López Saco

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