La religión practicada por los habitantes del antiguo Egipto es posiblemente la más compleja de cuantas hubo en la Antigüedad. La mayoría de los más de 1500 dioses que se adoraron en el Egipto faraónico empezaron siendo divinidades locales durante el Periodo Predinástico que, con el posterior desarrollo político y económico del país, terminaron extendiéndose a toda la tierra del Nilo. Así se generó una religión no homogénea en la que podía venerarse el mismo elemento bajo la forma de diferentes divinidades.

Dado el carácter breve y divulgativo de esta publicación, me centraré únicamente en las características de la religión vinculadas a la siguiente lista de los dioses egipcios más importantes: Amón, Anubis, Apis, Atón, Atum, Bes, Gueb, Hathor, Horus, Isis, Maat, Min, Neftis, Nekhbet, Nut, Osiris, Ptah, Re, Set, Shu, Sobek, Tefnut, Thot, Tueris y Uadyet.

Antes de hacer una descripción de los dioses egipcios, cabe definir exactamente qué eran los dioses en el antiguo Egipto. En egipcio, la palabra “dios” se escribía con un jeroglífico que representaba un mástil con una banderola ondeando en el extremo y se pronunciaba de un modo parecido a “netcher”.

Básicamente, se refería a un ser que vivía en un mundo ajeno al humano y podía actuar en éste por medio de la heka, es decir, la magia, que al final no era otra cosa que la energía vital de cada dios en acción, es decir, el ka.

En general, los dioses egipcios se caracterizaban por ciertos rasgos físicos comunes: su carne era de oro, sus huesos de plata, sus cabellos de lapislázul y desprendían un olor embriagador.

Partiendo de esta base, una divinidad egipcia se podía presentar con muchos aspectos diferentes gracias a las formas de su bai, es decir, la capacidad divina de poder adoptar distintas apariencias.

En este sentido, muchos dioses egipcios eran representados como híbridos con cuerpo humano y cabeza de animal. Esta simbiosis se dio desde bien temprano, concretamente desde la III Dinastía (2686-2613 a.C.), en el Reino Antiguo. Cabe destacar que los antiguos egipcios no adoraban a los animales como tales, sino que encontraban en cada uno de ellos un rasgo particular de un dios, por lo que pensaban que era una manifestación suya.

Otra particularidad de los dioses egipcios es que prácticamente nunca se mostraban directamente ante sus fieles. De hecho, el faraón era el único ser humano capacitado para actuar como intermediario entre el mundo de los dioses y el de los hombres.

Artículo: Heródoto de Halicarnaso

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