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Quizás, cuando se piensa en un soporte de escritura en el antiguo Egipto nos viene a la mente la figura de un escriba sentado teniendo sobre sus rodillas un rollo de papiro. Quizás también, se pueda pensar en aquellas paredes de templos y tumbas donde se puede apreciar, no solo la escritura sagrada, sino también lienzos donde se representaban diferentes escenas.

Sin embargo, el resultado visto tanto en papiros como en paredes, solía ser la consecuencia de una práctica previa, ejecutada en un soporte diferente a estos dos, el ostracon.

Éstos eran unos fragmentos de piedra caliza o cerámica que podían extraerse de canteras o tumbas en proceso de excavación. Así sucedía en Deir el-Medina (Tebas), donde los trozos de piedra caliza que se desechaban, los cuales no eran necesarios tratar previamente, se laminaban siendo muy adecuadas para la escritura.

El nombre por el que los conocemos proviene del griego y según el número (singular o plural), se denomina de una manera u otra. Así es como para singular utilizamos: ὄστρακον, ostracon , mientras que para el plural usamos: ὄστρακα, ostraca .

Eran utilizados tanto para escribir textos, como para dibujar. Tanto por aprendices, como por personas ya formadas. Para realizar simples bocetos u para obras ya finalizadas. Para practicar sobre escritura o sobre dibujo o incluso, para llevar a cabo los bocetos de un proyecto.

Artículo: Alexandra Bast

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