Compartir

La tumba TT81 (Qurna), bien estudiada por el egiptólogo E. Dziobek (1992), perteneció al oficial Ineni, quien vivió durante la dinastía XVIII y trabajó bajo los gobiernos de Amenhotep I, Tutmosis I, Tutmosis II y Hatshepsut.

La tumba fue descubierta en el siglo XIX (Armijo, Pino y Sánchez 2006, p. 113). Desafortunadamente la mayoría de las pinturas se han perdido pero aun conservamos las copias realizadas por Nina de Garis Davies.

Su estela autobiográfica, situada en la pared Sur del pórtico, ya estaba deteriorada en 1905 pero afortunadamente fue copiada por Boussac y Bouriant en el siglo XIX (Armijo, Pino y Sánchez 2006, p. 113). En ella, Ineni nos cuenta las funciones que ejerció bajo los diferentes gobiernos que mencionamos anteriormente (Breasted 1906: 83-108).  Este era un modo de expresar y aclarar que fue un gran hombre de moral que merecía todo lo bueno en el más allá. La estela tiene una sección dedicada a sus trabajos bajo el gobierno de Tutmosis I,en donde le da una gran importancia a las funciones que ejerció en las actividades constructivas. Precisamente vamos a tratar aquellas en relación a la erección de los obeliscos que Tutmosis I levantó en el templo de Amón en Karnak.

Antes de proceder al análisis de todos estos elementos es necesario aclarar el papel que este tipo de monumentos representaba en la mentalidad faraónica. El obelisco era un objeto de culto solar que representaba al dios en sí mismo y que servía como una ofrenda de manos del faraón a la divinidad, como puede ser leído en las inscripciones de Karnak donde Tutmosis III enumera sus ofrendas al dios Amón (Selim 1991, p. 7-9). Al mismo tiempo era un objeto conectado al festival sed, un festival de orígenes muy tempranos, conocido desde la Primera Dinastía, en el que el faraón renovaba su poder de forma ritualística. De hecho, tenemos un gran número de obeliscos que hacen referencia a este festival, como el de Hatshepsut, Tutmosis III o Ramsés II (Selim 1991, p. 9).

Hoy en día, solo uno de los obeliscos de Tutmosis I se mantiene en pie, mientras que el otro permanece sobre el suelo cerca de su pedestal. Aquel aun en pie, situado entre el tercer y cuarto pilonos (Habachi 1984, p. 57), tiene 19 metros de altura y pesa de hecho 143 toneladas (Selim 1991, p. 9).

De acuerdo al texto, los obeliscos fueron construidos de granito, así que merece la pena preguntarnos si este material era normalmente utilizado para este tipo de construcciones y de donde era extraído.

Artículo: Laura Huertas López

Si quieres leer el artículo completo, descarga la revista completa y totalmente gratuita haciendo click aquí.