Desde antiguo, la interacción entre distintas comunidades humanas hace surgir la idea del nosotros frente al ellos. Los criterios usados para juzgar quién pertenece a la comunidad o no se basan principalmente en rasgos observables (color de piel, lengua, forma de vestir, etc.).

Esta xenofobia derivada del nosotros frente al ellos también estuvo presente en el antiguo Egipto. Los egipcios, grandes observadores del mundo que los rodeaba, percibieron que los países y pueblos vecinos tenían varias diferencias con respecto a ellos: en el arte, los hombres egipcios suelen representarse en un tono rojizo, mientras que asiáticos y nubios presentan piel amarillenta y negra, respectivamente. Los egipcios consideraban su lengua la palabra de Dios, mientras que los extranjeros hablaban un galimatías inentendible. Además, vestían pieles, llevaban plumas, o no se afeitaban, y malvivían lejos de la prosperidad y fertilidad de la tierra de Egipto.

En general, el extranjero en su conjunto era visto con una mezcla de curiosidad, desdén y miedo. Habitaban un mundo caótico (frente al Orden de Egipto) y podían traer con ellos ese Caos a Kemet, por lo que el faraón debía someterlos. Sin embargo, cuando se producía la aculturación de un individuo extranjero este podía integrarse en la sociedad egipcia: los matrimonios mixtos eran comunes y aceptados y, en teoría, el extranjero tenía derechos y obligaciones similares a otros egipcios (si bien es cierto que no siempre se produjo esa integración, y hay pruebas de discriminación). La falta de fuentes escritas nubias para la época nos impide saber si los nubios tenían ese mismo sentimiento xenófobo hacia los egipcios.
El Estado egipcio canalizó y utilizó estos sentimientos de amor (a lo egipcio, es decir, el Orden) y odio (los extranjeros, el Caos) en su propio beneficio a lo largo de su extensa historia.

La antigua Nubia se situaba entre el sur del actual Egipto y el norte de Sudán, y recibía su nombre de la palabra egipcia para oro, Nebu. Estaba dividida en dos zonas:

– Alta Nubia o Kush (región entre la segunda y sexta catarata del Nilo).

– Baja Nubia o Wawat (la zona entre Elefantina y la segunda catarata).

Durante el Predinástico ya había presencia en Egipto de productos exóticos procedentes del sur de la primera catarata, gracias a los lazos comerciales de la cultura Nagada con el llamado Grupo A nubio. Estos productos reales de lujo –como se los conocerá en época dinástica– consistían en marfil y ébano principalmente, pero también pieles de pantera, incienso y mirra, maderas aromáticas, especias, oro y cobre, piedras semipreciosas, granito y diorita para la construcción, animales subsaharianos, etc.

Desde la I dinastía los egipcios van a intentar conquistar y someter Wawat para controlar las rutas comerciales que les darían acceso a dichos productos y a recursos humanos, y también para evitar el surgimiento de un rival que pudiera suponer un peligro en el sur. Para ello se construyeron fortificaciones en la frontera desde las que vigilar y regular el movimiento de personas y mercancías –en la isla de Abu (Elefantina) se construyó un gran puesto aduanero fortificado–, y con campañas militares, de las que ya tenemos constancia en las inscripciones de Gebel Sheij Suliman, que nos muestran una escena del reinado de Dyer, el tercer faraón de la I dinastía (3000-2890 a.C.) en la que el serej de este rey contempla a los cautivos nubios muertos o moribundos.

La llamada piedra de Palermo (un fragmento de basalto que contiene los anales de los últimos años del Predinástico hasta la V dinastía) nos informa de que en el año 13-14 de Esnofru, de la IV dinastía, se obtuvo un botín de 200000 cabezas de ganado y 7000 prisioneros del país de los nubios. Esos cautivos eran destinados al servicio doméstico o a las unidades paramilitares utilizadas como tropas auxiliares o como policías, porque los nubios tenían fama de buenos luchadores.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

Si quieres leer el artículo completo, descarga la revista completa y totalmente gratuita haciendo click aquí.