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“No es un ‘hobby’, no es un trabajo, no es estudio, es la explicación de mi existencia”, dice Alejandro Fernández, de 23 años, desde la carpa donde se refugia del sol de Luxor (sur) en el proyecto Visir Amenhotep-Huy, dirigido por los arqueólogos españoles Francisco Martín Valentín y Teresa Bedman.

Por un momento, deja de cargar la carretilla y de comprobar las piezas que han ido apareciendo en la excavación. Ataviado con un chaleco explorador, pantalones y camiseta llenos de polvo, Alejandro se mueve como pez en el agua entre restos de hace miles de años.

Estudió Historia en la Universidad Complutense de Madrid y actualmente se especializa en Egiptología en la Universidad de Manchester. Es su segunda campaña en el proyecto. “Entre el año pasado y este he aprendido más aquí que en cuatro años de carrera, sin menospreciarla. Es algo excepcional y un auténtico privilegio. Si sabes aprovechar la experiencia, no es comparable a nada más”, señala. Alejandro es uno de los estudiantes beneficiarios del programa “Field School”, del Instituto de Estudios del Antiguo Egipto, dirigido también por Martín y Bedman. Este programa elige cada año a diez estudiantes para que pasen de los libros a la realidad egiptológica, gracias a acuerdos con universidades como la de Málaga o la Complutense y también empresas privadas. “Aquí aprendes materiales, arqueología, dibujo, religiones, absorbes como una esponja todo lo que es ser egiptólogo”, dice Bedman.

Otra de esas “esponjas” es Linda Chapon, que actualmente realiza una tesis centrada en el estudio de los relieves de areniscas en el templo de Tutmosis III, un proyecto bajo la dirección de la española Myriam Seco. Con 28 años, Linda es beneficiaria de una beca fruto de un convenio entre la Universidad de Granada y la de Tübingen, en Alemania, en cuya biblioteca completa su tesis, tras los meses en Luxor. Sobre la mesa de Linda, en una caseta que hace las veces de laboratorio, yacen los huesos de una momia descubierta pocos días antes. Mirarlos, tocarlos de cerca, ordenarlos y recomponer el esqueleto supone una clara ventaja con respecto a aquellos estudiantes que no tienen la oportunidad de pisar una excavación.

“Trabajar en Egipto supone trabajar con los materiales. Hay mucha gente que hace tesis doctorales y no tiene los materiales enfrente, no los puede ver, no los puede tocar”, señala Linda. Del estudio de esos huesos también se ocupa la joven, que asegura también que le gustaría “devolver a la universidad española” lo que le ha enseñado. Supervisando a Linda se encuentra Seco, que también se formó, antes de convertirse en una de las figuras más importantes de la egiptología española, en la prestigiosa universidad alemana. Pese a estar orgullosa de su experiencia en el extranjero, la directora del proyecto se queja de que España aún no ofrezca la oportunidad de estudiar egiptología como carrera universitaria. “Es interesantísimo salir fuera, hay que hacerlo para coger experiencia, pero también es necesario tener la posibilidad de estudiar egiptología en tu país y que ese estudio tenga un reconocimiento internacional”, denuncia Seco.

Como directoras de proyecto y supervisoras de los estudiantes que forman la expedición, Bedman y Seco coinciden en que todo el trabajo desarrollado en las excavaciones tiene que repercutir en España. “La única manera de que la egiptología mejore es dándole la oportunidad a los estudiantes. En ellos está el futuro de la egiptología española”, destaca Seco. De esta manera, los arqueólogos españoles pretenden formar a sus herederos y crear un legado. “No puede ser que nuestro conocimiento quede en el olvido, con esto esperamos que la egiptología se implante definitivamente en España; ése sería nuestro mayor logro”, sentencia Bedman.

Artículo: Canal Patrimonio