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Cientos de tumbas se hallan por toda la geografía sagrada del país de Kemet. Si pensamos en estas residencias de la eternidad, seguramente lo primero que nos viene a la mente son los enterramientos de los reyes más ilustres del Antiguo Egipto, ya sean con forma de mastaba, de pirámide o de hipogeo como las más profundas tumbas del Valle de los Reyes.

Sin embargo, a pesar de que las tumbas de los soberanos del Antiguo Egipto son las más ricas en construcción, no solo estos tuvieron el privilegio de poder ser enterrados en hermosas construcciones, sino que, otro grupo de personas, también han conseguido el privilegio de tener una morada para la eternidad que bien te pueden dejar con la boca abierta.

Nobles, funcionarios o cortesanos de Tebas son algunos de estos privilegiados que quisieron seguir los pasos de sus monarcas construyéndose unas tumbas dignas de su estatus.

Si bien podemos decir que el Valle de los Reyes y de las Reinas, son las necrópolis por excelencia de los soberanos de la XVIII dinastía en adelante, podemos decir lo mismo de la colina tebana como lugar de enterramiento para altos dignatarios.

El Reino Nuevo es clave para señalar algunos cambios que se van a producir en el ámbito mortuorio. Para empezar, entre los siglos XVI y XIV a.C (XVIII dinastía), Tebas comienza a ser la nueva capital del estado faraónico.
Una de las consecuencias que provoca este hecho es que los soberanos trasladan su lugar de residencia a esta ciudad y deciden buscar un lugar íntimo y aislado para reposar eternamente. Encuentran este lugar en la orilla oeste del Nilo (Occidente se entendía como el lugar de los muertos), un lugar hoy conocido como el Valle de los Reyes.

Artículo: Alexandra Bast.

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