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Los imperios, las naciones, los reinos, como si de un ser vivo se tratara, poseen su propia estructura, su propia organización vital. Nacen, se desarrollan y alcanzan su clímax, para, tiempo después, ir adentrándose, inexorablemente, en la frialdad del invierno, en su decrepitud, hasta marchitarse completamente y fenecer, bien por su propia inercia, por su propia desidia, bien por ser victima de un último empellón.

Egipto fue uno de esos territorios que, tras disfrutar de una larga y próspera existencia, marcada en algunos momentos por diversos brotes de fiebre, recibiría los espasmos de la muerte a través de un factor exógeno, una postrera contribución de la mano de una ciudad lejana, desconocida hasta hacía poco tiempo por los habitantes del Valle.

En efecto, el juego y las luchas de poder que se estaba llevando a cabo en Roma, trajo consigo este resultado nefasto, para las tierras egipcias, a finales del I m. a. C., pues supuso su fin como territorio independiente.
A la altura del 79 a.C., Roma se encuentra en una situación caótica, teniendo que hacer frente en estos años a la sublevación de Hispania, donde Sertorio, partidario de Mario, se había hecho fuerte, a la famosa rebelión de los esclavos dirigida por Espartaco, a levantamientos en Asia Menor, Siria y Palestina, a la Conjuración de Catilina, …

La República no era más que una simple expresión para designar una forma de gobierno que ya no existía en la urbe, de tal forma que en el año 60 a.C. el Senado se había convertido en una mera comparsa, pues quien realmente detentaba el poder político es el conocido como Primer Triunvirato, formado por Cneo Pompeyo Magno, Marco Licinio Craso y Cayo Julio César.

Durante unos años los triunviros se repartieron las zonas de influencia, tanto política como territorial, pero era inevitable que se produjese un enfrentamiento entre ellos, sobre todo a partir de la muerte de Craso en el año 53 a. C., tras ser derrotado por los partos en Carrhae, momento en que Pompeyo se convierte en el dueño absoluto de Roma, mientras César se encuentra finalizando la conquista de la Galia.

Artículo: Hipólito Pecci Tenrero.

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