Los faraones siguen guardando secretos. Enigmas, algunos, tan insondables hasta ahora como la identidad de quienes recorrieron los pasillos de la corte. En las inmediaciones de la pirámide del monarca Dyedkara, una misión egipcia ha hallado los vestigios de Setibhor, una reina que vivió a finales de la V dinastía, hace más de cuatro milenios.

Su nombre ha asomado repentinamente en una columna de granito rojo de la zona sur de un complejo piramidal hasta ahora anónimo. El recinto se halla a un tiro de piedra de la pirámide de Dyedkara Isesi, el penúltimo faraón de la dinastía V, que reinó entre el 2380 y el 2342 a.C. La presencia del monumento en la necrópolis real de Saqqara, a unos 25 kilómetros al sur de El Cairo, había sido un quebradero de cabeza para los egiptólogos durante las últimas décadas.

Un interrogante resuelto ahora por un columna hallada en una zona porticada del complejo, recientemente desenterrada. Su nombre está tallado en relieve en el eje de la columna. “La que ve a Horus [dios del cielo, la caza y la guerra, representante del Bajo Egipto] y Seth [deidad del caos, la sequía y el desierto representante del Alto Egipto], grande del Cetro, grande en alabanzas, esposa del rey, la querida Setibhor”, reza la inscripción.

La columna que ha unido las piezas junto a bloques de piedra caliza y fragmentos de decoración en relieve del templo de la reina se encontraron fortuitamente durante los trabajos de exploración y documentación del complejo piramidal de Dyedkara. La estructura de Setibhor es una de las primeras pirámides levantadas a finales de la V dinastía en el sur de Saqqara y el mayor de los monumentos funerarios construidos para una reina en el imperio antiguo.

Un plano que arroja sorpresas. Su templo funerario, sin ir más lejos, despliega estancias y elementos arquitectónicos como columnas palmiformes que, hasta ahora, se creían reservadas para los reyes del imperio antiguo. Los expertos sostienen que la magnitud de su recinto y su título sugieren que Setibhor desempeñó una papel destacado en la corte. Tal vez, barruntan, intervino para ayudar a su marido Dyedkara a acceder al trono. A cambio, el monarca le construyó un complejo fastuoso para su vida de ultratumba.

Reconstruir la existencia de Setibhor y reivindicar una memoria hasta ahora extraviada no ha sido el único logro de la expedición. En el mismo cementerio de Saqqara, se han topado con la tumba de un noble. Un dignatario llamado Khuwy que vivió durante la misma época que la reina y su esposo. Una oquedad en forma de L que también ha sorprendido a los miembros del equipo, asistido por expertos internacionales.

“En la pared norte de la tumba, la misión ha localizado la entrada a una subestructura única, la primera vez en la que se muestra un plano inspirado por el diseño de las subestructuras de las pirámides reales de la dinastía V”, apunta Mustafa el Waziri, secretario general del Consejo Supremo de Antigüedades.

Unas estancias que se inician con un pasadizo descendente que conduce hasta un vestíbulo. En el muro sur una entrada conecta con una antecámara que guarda aún una decoración que representa al dueño de la tumba sentado frente a una mesa de ofrendas. En las paredes este y oeste aparecen dibujadas un listado de ofrendas y la fachada de un palacio. Más allá, se encuentra una pequeña estancia usada como almacén, atestado de derrumbe, y una cámara funeraria huérfana de decoración.

“Parece que el espacio de la estancia fue ocupado casi por completo por un sarcófago de piedra caliza, que fue destruido totalmente por ladrones de tumbas en la antigüedad”, indica Mohamed Megahed, jefe de la misión arqueológica. A pesar de la acción de los cazatesoros, el equipo ha rescatado los restos humanos del noble, con rastros aún de momificación. “El hallazgo de esta tumba subraya la importancia de la era de Dyedkara y el final de la dinastía V”, arguye Megahed.

Su equipo ha aplicado, además, un remozado a la pirámide de Dyedkara. Una labor de consolidación y restauración de la que jamás había disfrutado hasta la fecha. Excitada por los hallazgos, la misión continuará en busca de nuevas pesquisas sobre un periodo de la historia egipcia que fue protagonista de una rápida mutación de las ideas y creencias religiosas, con el final de la tradición de construir de templos solares y la aparición del Texto de las Pirámides en el interior de las pirámides de los monarcas.

Artículo: Francisco Carrión