La prostitución en el antiguo Egipto

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Hablar de prostitución en el Antiguo Egipto es complejo, pues es muy poca la información que poseemos de dicha práctica, tanto en las fuentes como en la cultura material. De hecho, durante mucho tiempo se llegó a plantear la idea de que en la cultura faraónica no existió e incluso que, si existió, fue una cuestión que causaba pudor a los egipcios, un tema tabú. Algo que sería incierto, ya que, como todas las sociedades la prostitución sí se dio.

Ahora bien, cuando tratamos el tema de la prostitución en el Antiguo Egipto, hay que ceñirse a la prostitución femenina porque hasta el momento no se tiene constancia de la existencia de prostitución masculina. En este sentido y, focalizando en la mujer, poseemos algunas fuentes que nos permiten hacer un esbozo de cómo fue la prostitución y cómo se dieron otros fenómenos que eran semejantes a ésta, pero que no eran considerados como tal.

Eran aquellas que ejercían la prostitución más cotidiana y que ofrecían sus servicios a los hombres del común. Probablemente, son las mujeres que aparecen representadas en el Papiro Erótico de Turín.
En lo que respecta a su apariencia, por lo que se extrae de algunas imágenes y fuentes, serían mujeres jóvenes, que se presentarían semidesnudas o desnudas, maquilladas con joyas y con grandes pelucas con elaborados peinados, tocados con diademas o flores de loto. Pues la erótica en la mujer no residía en el cuerpo desnudo sino en el pelo:

“…Mi corazón piensa en tu amor (…) He descuidado mi peinado; me he soltado el pelo y me he puesto mi peluca para estar lista en cualquier momento…” Mysliwiec, 2004, p. 111.

Por otro lado, se ha señalado que estas mujeres también llevarían tatuajes de connotación sexual, situados en sitios estratégicos, como el del dios Bes (dios asociado al canto y del baile) en el muslo. En este sentido destacan dos ejemplos: un plato de cerámica del R. Nuevo, Amenofis III (se representa a una joven con una gran peluca, tocando la laúd con un el tatuaje en su muslo) o la tumba del príncipe Yehutmosi, R. Nuevo, D.XVII (una imagen de un banquete en la que una joven bailarina lleva dicho tatuaje).

Artículo: Rocío Rivas Martínez

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