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La presunta invariabilidad del arte egipcio

Prevalece hasta nuestros días, una imperecedera visión eurocentrista del arte donde los griegos sirven como paragón y parte aguas para definir, estudiar y periodizar la historia de la producción artística humana.

Ernest Gombrich, con el usual estilo que caracteriza su obra La historia del arte , trata de rescribir lo dicho hasta su época sobre el “origen del arte” situando a los egipcios como pioneros e inspiración para los griegos: “[…] pues veremos que los artistas griegos realizaron su aprendizaje de los egipcios, y que todos nosotros somos alumnos de los griegos.

De ahí que el arte egipcio tenga formidable importancia sobre el de Occidente”.El arte egipcio, como lo analizó Gombrich e incluso Schäfer antes que él, comenzó no como un “arte” per se, pues la producción de toda representación visual estaba dotada de un significado trascendental que, en tiempos Predinásticos se asociaba con el rito e incluso la magia y, en las primeras dinastías del Imperio Antiguo con ritos funerarios.

Es curioso que, contrario a la percepción que cualquier representación artística egipcia pueda parecer, en sí mismo conlleva una profunda observación de la naturaleza por parte del artista. Gombrich escribe al respecto: “Esta combinación de regularidad geométrica y de aguda observación de la naturaleza es característica de todo arte egipcio“.Por otra parte, en el año 2012 Jerry Saltz, uno de los críticos de arte más importantes del mundo, escribe para la New York Magazine un artículo en el marco de la exhibición “Dawn of Egyptian Art” del Museo Metropolitano de Nueva York donde realiza una interesante conexión entre la época moderna del arte y el “arte antes del arte egipcio”.

Intitulado Baby Steps: Where does modern art history start? The Met’s predynastic-Egypt show reveals the beginning of everything, Saltz comienza alabando la yuxtaposición entre constancia e innovación que se observa en el arte del antiguo Egipto:

El estilo del arte antiguo egipcio es trascendentalmente claro, algo que los niños de 8 años pueden reconocer al instante. Su consistencia y codificación es uno de los más épicos viajes en la historia del arte, uno que dura 30 dinastías repartidas en poco más de 3000 años. Esa es la era -tanto como los 6 imperios romanos, o una docena de norteamericanos- que todos conocemos por sus faraones, sus pirámides, sus esfinges, Tutankamón y Ramsés, y ese breve instante en la dinastía décimo octava donde el arte llega por poco al naturalismo lírico que asociamos con Ingres”.

Artículo: Amairani Avid Nava

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