Seth era el dios relacionado con el caos, la violencia, e incluso, llegó a personificar el mal. Estaba vinculado al desierto, la “Tierra Roja” de Egipto, por lo que desafiaba la vegetación, a diferencia de su hermano Osiris, enlazado con los ciclos vegetativos. Éste último, representaba lo opuesto, llegando a convertirse, ambos, en enemigos. Se consideraba que Seth tenía una carácter terrible, temible y maligno, por lo que se pensaba que era el responsable de todos los problemas (crímenes, enfermedades, plagas, invasiones, tormentas de arena o truenos).

En la iconografía podía aparecer como humano o como animal – denominado “animal o bestia de Seth”-. Aún se desconoce con exactitud la tipología animal que le representaba. Consistía en una especie de perro con una cola larga y recta, largas orejas y nariz curva; similar a un oso hormiguero u oricteropo. Hubo animales considerados negativos simbólicamente o “impuros” por los egipcios como el cerdo, el burro, algunos peces (mormyrus, oxyrrinco), el cocodrilo o el hipopótamo por lo que se asociaron también al dios.

El origen de la deidad se remonta desde el periodo Naqada I (ca. 4000-3500) donde está atestiguado un objeto de marfil con la representación del animal asociado con el dios. El animal también se muestra en la cabeza de la maza del rey Escorpión de la Dinastía 0.

Durante la II Dinastía Seth aparece sobre el serekh de Peribsen y en el de Khasekhemwy. Además, es mencionado en el Texto de las Pirámides. Por lo que podemos afirmar que el dios está presente desde época temprana.

Artículo: Verónica Reyes Barrios

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