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La momificación: La preparación del difunto para el Más Allá

Cuenta la leyenda que la idea de preservación del cuerpo nace con el mito de Osiris, primera momia conocida. Un mito lleno de envidias, de afán por el poder, pero también de amor y fortaleza.

Cuenta la leyenda egipcia que Seth mata a su hermano Osiris, rey de la tierra Negra, para usurpar su trono. Su cuerpo vagaba por las tierras de limo Negro hasta que su esposa, Isis, logra rescatarlo en las costas de Byblos para darle sepultura. Seth, se entera, roba el cadáver de su hermano y lo descuartiza en 14 pedazos para posteriormente esparcir los pedazos a lo largo del río Nilo. Isis, destrozada, junto a su hermana y cuñada Neftis, buscan los restos de Osiris, hasta que logran encontrar todos los pedazos salvo su falo, el cual fue devorado por un pez, el oxirrinco.

Isis reconstruye el cuerpo de su marido y con su magia, logra asemejar el pedazo que le faltaba, y aquí, al final de la historia, es donde toma protagonismo Anubis, quien ayuda a embalsamar el cuerpo de Osiris logrando así, que su cuerpo perdure para siempre.

Esta vez Isis, muy cauta, esconde el cuerpo de su marido en un lugar que tan solo ella sabría localizar. Así, su momia estaría a salvo para toda la eternidad. Se cuenta que las primeras momias no fueron momificadas, que simplemente eran depositadas sobre las cálidas arenas del desierto en posición fetal, sobre su lado izquierdo, con la cabeza orientada hacia el sur y la cara mirando hacia occidente.

De este modo, gracias a las altas temperaturas, el cuerpo se secaba de manera natural, absorbiendo todo los fluidos que desprende el cuerpo una vez inerte. De este modo, la preservación del mismo se conservaba por los restos sin tener la necesidad de ser manipulado. Más tarde, en el Reino Antiguo (2700-2200 a.C.), con un cambio en la mentalidad egipcia, los cuerpos son trasladados de las ardientes arenas del desierto a cámaras funerarias donde se veneraba al difunto y se depositaba junto a él un ajuar funerario con los alimentos necesarios para su supervivencia en el Más Allá.

Artículo: Alexandra Bast

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