En la antigua civilización egipcia la magia recibía el nombre de heka. Los Textos de las pirámides y los Textos de los ataúdes la definen como una energía sobrenatural que poseen humanos y dioses. No era ni buena ni mala en sí misma, aunque podía usarse tanto para fines benéficos como maléficos (lo que ahora entendemos como magia negra).

El concepto de heka se representó como un dios –que llevaba un tocado en forma de medio cuerpo de león y dos serpientes en las manos–, creado al principio de los tiempos por el dios demiurgo Atum, antes que las demás divinidades. Personificaba el poder mágico del sol, al cual acompañaba a bordo de la barca solar para protegerle de sus enemigos, como la temible serpiente Apofis, durante el viaje nocturno por la Duat.

Aunque la capacidad de los dioses para manipular el mundo con la heka sería superior, también los mortales podían hacer uso de la magia mediante hechizos y recitaciones (akhu), dado que creían en el poder de la palabra, escrita o pronunciada, combinada con el uso de imágenes, como en el caso de los famosos ushebtis –los que responden–, figurillas del difunto que le sustituirían en los trabajos agrícolas en los campos de Ialu –el Paraíso egipcio– mediante la recitación de la siguiente fórmula mágica del Libro de los muertos:

«Si soy llamado (decía el difunto), si soy designado para hacer todos los trabajos que se hacen habitualmente en el Más Allá […], toma tú mi lugar en todo momento para cultivar los campos, para irrigar las riberas y para transportar la arena de Oriente a Occidente. “Heme aquí (dirás tú, figurilla). “Iré a dónde me mandes”».

Así, gracias a la magia de las palabras, la figurilla cobraría vida y sustituiría al difunto en las obligaciones que le pudieran surgir en la otra vida.

«La magia se basaba sobre dos presupuestos: el poder creador de la palabra y la fuerza evocadora de la imagen». (Cimmino, 2002).

Por ello, en las inscripciones de las tumbas cuando un signo jeroglífico tenía la forma de un animal potencialmente peligroso (como una serpiente o escorpión) se le podía representar decapitado o atravesado por un cuchillo para volverlo inofensivo y que no pudiera atacar a la momia.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

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