La figura del Tjaty (Visir) durante el Reino Antiguo y el Primer Período Intermedio

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Una administración del Estado egipcio cada vez más sofisticada requería un auténtico gerente al frente de la misma, en tanto que el faraón era físicamente incapaz de encargarse y supervisar todos los aspectos propios del país. Se necesitaba, por consiguiente, alguien específico para esas labores que fuese delegado por el monarca. Naturalmente, tenía que ser una persona de confianza, con aptitudes de mando y decisión, que supiese informar al faraón de los asuntos más relevantes. El cargo en cuestión es el tjaty o chaty, un alto dignatario, habitualmente asimilado al término visir a partir de la titulación del funcionario del mismo nombre del imperio turco otomano.

Gracias al texto conocido como La Instrucción de Rekhmire, de época del Reino Nuevo, se conocen varios de los deberes del tjaty, así como sus códigos de conducta. El visir era una suerte de primer ministro, con atribuciones de gran relevancia, especialmente las de organizar civilmente el Estado, administrar justicia (presidía las denominadas Seis Grandes Casas o salas de audiencias del Estado), nombrar magistrados o resolver cuestiones propias del palacio, como sería la edificación y el sitio específico en donde se emplazarían las tumbas regias. Además, era terrateniente y vivía en un palacio. El visir cumplía la función de asesor político del monarca. Será en todo momento el funcionario que controlará al resto de funcionarios del Estado.

El cargo de tjaty-chaty era el de mayor jerarquía en el antiguo Egipto. Debía informar al rey para mantenerlo informado de todo lo que acontecía en sus dominios. El monarca delegaba en él funciones de gobierno de mucha confianza, tales como la representación en asuntos de dirección y administración civil y en lo concerniente a la administración de los dominios reales.

Una de las funciones destacadas del chaty era la de gobernar el país durante los setenta días de luto que sucedían a la muerte del soberano. Del mismo modo era el que se ocupaba de supervisar el banquete funerario así como el acompañamiento musical. Poseía el poder, no menor, de nombrar al heredero del faraón.

Artículo: Julio López Saco

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