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Uno de los materiales más bellos y emblemáticos del Egipto faraónico es la llamada “fayenza egipcia”, la cual se utilizó profusamente para elaborar innumerables objetos que, a pesar de los miles de años transcurridos, aún conservan su color y brillo -justo como los antiguos artífices desearon que ocurriese- como es el caso de la esfinge del faraón Amenhotep III (c. 1390-1353 a.C.) quien continúa ofrendando a los dioses de la tierra del Nilo desde el Metropolitan Museum of Art en New York, EE. UU. Este material es, a pesar de su aparente sencillez, uno de los logros tecnológicos más importantes del mundo antiguo y hasta hace relativamente poco tiempo es que se estudia en su justa dimensión. En este artículo expongo algunos de los rasgos más característicos, tanto simbólicos como técnicos, de la “fayenza egipcia” y también presento, con el objetivo de comprender un poco más sus procesos de manufactura, los pasos de elaboración de un relieve escultórico con la forma de un wḏ3t (udjat) “ojo de Horus” desde la perspectiva de la llamada “arqueología experimental”.

Con el nombre de “fayenza egipcia” se denomina a un tipo de material cerámico no arcilloso de superficie vítrea que se manufacturó en el antiguo país del Nilo y zonas aledañas. Se trata de un término que acuñó la egiptología durante el siglo XIX, en analogía a las mayólicas esmaltadas y decoradas conocidas como faienza (en italiano), faïence (en francés) y faience (en inglés) que se producían en la ciudad de Faenza (antiguamente llamada Faventia, en el norte de Italia) desde el siglo XII. El término ha sido ampliamente criticado y debatido, e inclusive se ha propuesto sustituirlo por el de “composición vítrea”, “frita”, “frita vitrificada”, “cuarzo sintetizado” entre otros.

Artículo: Gerardo P. Taber

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