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Estatua de Kaaper

Conocido comúnmente como el ”alcalde del pueblo”, la estatua representa a Kaaper, un noble egipcio que fue “Jefe de los Sacerdotes Lectores” y gobernador del Bajo Egipto, que vivió entre la IV Dinastía y principios de la V Dinastía (alrededor del año 2500 a.C.)

A pesar de que su rango no era de los superiores en la sociedad egipcia, es muy conocido gracias a esta estatua de madera.

Se sabe poco de la vida de Kaaper; sus títulos fueron: ”Jefe de los Sacerdotes Lectores” ( Kher-heb ), gobernador del Bajo Egipto y ”Escriba del Ejército del Rey’‘, este último posiblemente relacionado con algunas campañas militares en Palestina.

La estatua fue hallada en el año 1860, durante las excavaciones llevadas a cabo por Auguste Mariette (1821-1881), en la mastaba de Kaaper, (Nº36 o “Saqqara C8”), situada al norte de Saqqara, necrópolis principal de la ciudad de Menfis, en la ribera occidental del Nilo, situada a unos treinta kilómetros de El Cairo y a 17 de la ciudad de Guiza. Está al norte de la pirámide escalonada de Zoser.

Durante la excavación, los trabajadores egipcios desenterraron la estatua y, aparentemente impresionados por su excepcional realismo, lo llamaron Cheik-El-Beled (en árabe significa ”el alcalde del pueblo”) probablemente debido a un cierto parecido entre la estatua y su representante local.

Nos encontramos ante una escultura de bulto redondo, que muestra a un hombre, de mediana edad, con la pierna y brazo derecho adelantados. La estatua, de 112 centímetros, está realizada en madera de sicomoro, tallada en una única pieza, con el brazo izquierdo ensamblado, para permitir la flexión de éste hacia delante. Aunque actualmente está desprovista de policromía, en su origen estuvo cubierta por una capa de estuco y pintada.

Kaaper se representa semi-desnudo, tan sólo cubierto por un faldellín desde la cintura hasta las rodillas.

El cuerpo nos muestra a un hombre de vientre abultado y pechos flácidos, como corresponde a una persona madura y de un estatus social elevado y, por lo tanto bien alimentado. Aunque el cuerpo está representado con gran simpleza, la atención del escultor se centra en el rostro, un rostro orondo, con papada, de mandíbula ancha y labios gruesos que dejan esbozar una escueta sonrisa.

Artículo: Sara López Caiz

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