Compartir

El inicio de la estructura egipcia.

Cuatro de noviembre de mil novecientos veintidós, Howard Carter acaba de forjar su destino con el descubrimiento más importante jamás realizado en Egipto, el cual, marcaría el resto de su carrera y de su existencia.

A partir de ese momento, toda su vida se encontraría supeditada a la figura de un joven rey que había muerto miles de años antes en oscuras circunstancias, y del que poco o nada se conocía en este primer cuarto del siglo XX.

Sin embargo, el trascendental encuentro con su acompañante en la eternidad iba a posponerse, ya que el arqueólogo tendría que esperar la llegada de su mecenas, “…Lord Carnarvon estaba en Inglaterra, y en atención a él, tendría que retrasar el asunto hasta que pudiera venir…” , de tal forma, que no sería hasta unas dos semanas después, aproximadamente, cuando podría penetrar en el hipogeo, acercarse y tomar contacto por primera vez con su anhelado descubrimiento.

De esta manera, impaciente, vivió el paso de las interminables jornadas, el transcurrir de los días, intentando hacer frente al ansia que le consumía, ya que no tenía más remedio que esperar la llegada de Lord Carnarvon y la hija de éste, Lady Evelyn, para poder continuar adelante con la apertura de la cámara funeraria.

El 22 de noviembre padre e hija desembarcaban en tierras egipcias, poniendo rumbo al sur, al Valle de los Reyes, donde arribaban cuatro días más tarde.

La narración es bien conocida, los tres entraron, bajaron las escaleras y recorrieron el pasillo que les separaba de la puerta cerrada y sellada con los chacales que formaban parte del sello de la necrópolis.

Artículo: Hipólito Pecci Tenrero

Si quieres leer el artículo completo, descarga la revista completa y totalmente gratuita haciendo click aquí.