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En el interior del Egipto antiguo, el “otro” lo conformaban las mujeres, los siervos, los niños, campesinos y artesanos. Fuera de la tierra egipcia, lo eran los “foráneos”, los extranjeros, que diferían de los egipcios en el lenguaje, las costumbres, la vestimenta y las creencias. El sometimiento de los enemigos extranjeros (golpeados y pisoteados) fue un tema común en el arte egipcio. La representación, en actitudes pasivas, de no egipcios cubría relevantes espacios en palacios y templos, aparecía sobre estatuas reales, mobiliario y recipientes de cosméticos.

Su preeminencia en el arte se debió a su rol cosmológico, pues encarnaban el caos indiferenciado y suponían una amenaza al orden. Sin embargo, los modos de representación de los foráneos no implicaban un sentimiento xenofóbico. Los extranjeros no eran, en consecuencia, meramente subyugados a causa de que eran foráneos, sino porque su sometimiento era un requisito imprescindible para restablecer Maat.

El arte egipcio, producido por la elite letrada, entendía que el “otro”, dentro del propio Egipto, lo conformaban las mujeres, los siervos, los niños, artesanos y campesinos. Fuera de la tierra egipcia, lo eran los “foráneos”, los extranjeros, que diferían de los egipcios en el lenguaje, las costumbres, la vestimenta y las creencias. Durante los Reinos Antiguo y Medio, los contactos con los no egipcios se restringieron a los residentes en áreas fronterizas y también a aquellos particularmente vinculados al comercio exterior y la diplomacia.

Artículo: Julio López Saco

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