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Estatuaria de la reina Hatshepsut.

Hay varios elementos que hacen de la figura de la reina Hatshepsut una mujer enigmática, como es el hecho de que gobernó durante dos décadas, llevó a cabo una intensa actividad constructiva y mandó una expedición al lejano y exótico país del ‘’Punt’’. Son muchos los enigmas que se abren paso a través de las evidencias que nos llegan de su época y su persona, y uno de ellos tiene que ver con la representación de su figura en estatuas.

En el transcurso de su reinado fue representada progresivamente como una figura masculina, añadiendo paulatinamente rasgos físicos de hombre a sus estatuas y elementos simbólicos propios de los faraones, como la barba postiza. A lo largo de la historiografía se han dado diferentes interpretaciones para explicar este fenómeno, lo que ha estado siempre ligado a la visión propia de nuestra civilización, fenómeno conocido en historia como “presentismo”. No obstante, a partir de las evidencias disponibles se han llegado a otras conclusiones que cambian por completo el concepto que se ha tenido tradicionalmente de este hecho en la estatuaria de la reina.

La mayor fuente de imágenes a lo largo de la estatuaria de Hatshepsut procede de su templo de Deir el-Bahari, donde todas son de tipo osiríaco, y de las que Tefnin hizo un estudio cronológico en torno al estilo a través de una clasificación de las estatuas con respecto a su distribución en el templo. Diferenció las cuatro situadas dentro del santuario, las diez emplazadas en los nichos del muro de la terraza superior, y las veintiséis de la parte frontal del pórtico de la terraza superior, a partir de lo que pudo establecer su hipótesis de que el embellecimiento del templo se inició desde la la zona interna, más importante para los rituales, hacia la zona exterior.

Las estatuas del santuario osiríaco presentan un color amarillo, que se usaba tradicionalmente para las imágenes femeninas, lo que según Roehrig puede significar que en este momento, aunque Hatshepsut hubiera adoptado los títulos de rey, decidió mantener su feminidad en las representaciones. A partir de entonces la reina iría masculinizando paulatinamente sus imágenes, como se puede observar en los santuarios de Karnak y Gebel Sisileh así como en el mismo templo de Deir el-Bahari, en cuyas estatuas sedentes se aprecia la transformación final a un aspecto masculino.

Los primeros rasgos de diferenciación en este proceso iconográfico son la individualización del aspecto de Hatshepsut, pues anteriormente aparecía con rasgos físicos similares a los de sus precedentes; y la combinación de rasgos femeninos con los símbolos masculinos del poder real. Como afirma Vandier, el aspecto facial de la reina se representa en un principio con rasgos finos y femeninos, un rostro alargado con forma triangular, la boca pequeña y la nariz recta (Vandier, 1958, p.300), que más adelante adopta unos pómulos más amplios, con un mentón a veces estrecho, a veces apuntado, con unas cejas altas que se arquean ligeramente sobre los ojos almendrados, la nariz ligeramente aguileña, los labios más finos y la expresión más seria; así aparece en las estatuas osiríacas del muro de la terraza superior de Deir el-Bahari y en las esfinges masculinizadas.

Hablamos sobre la reina en este enlace – Hatshepsut

Artículo: Laura Huertas López

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