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Escritura jeroglífica, la magia de las palabras. Una breve introducción a la escritura jeroglífica egipcia

Egipto atrae. Esta afirmación no nos sorprende ni a usted, querido lector, ni a mi, felices víctimas del picotazo de la Oca de Amón. Indagar en qué es lo que hace tan fascinante la civilización del Antiguo Egipto sería otra cuestión.

Una cuestión que arrojaría multitud de respuestas, pero que, sospecho, bordearían todas el campo de la estética. Hay algo especial, diferente, mágico, si ustedes quieren, en toda la estética egipcia; en sus murales, en sus templos, en sus divinidades, en sus cultos funerarios, en sus vestimentas…Hasta en las más abigarradas composiciones en las que no se ha dejado un metro cuadrado de muro sin tallar o pintar, reina un orden, reina Maat, Diosa de la verdad, la justicia y la armonía.

Como no podía ser de otra manera esta armonía, esta estética, también imperaba en su escritura, no en vano, por ejemplo, una de las grandes preocupaciones de los escribas y artistas era “cuadrar” los símbolos jeroglíficos, es decir, situarlos de una determinada manera para que existiera una proporcionalidad y un orden. Veremos más adelante como lo hacían. Por otra parte, aunque hoy nos parezca extraño, el hecho de escribir, y no digamos ya el de leer, tenía un carácter mágico y ritual reservado a unos pocos privilegiados.

La lengua egipcia es una lengua procedente del macrogrupo denominado lengua afroasiática. Durante mucho tiempo se empleó para esta gran familia lingüística el término camito-semita, si bien hoy esa descripción se considera obsoleta. En cualquier caso, se tiene constancia de las primeras inscripciones jeroglíficas con anterioridad al 3.000 a.C., en los tiempos de la I Dinastía, y los últimos jeroglíficos, localizados en la isla de File, se realizaron en el 394 d.C. Por tanto, nos enfrentamos a una lengua que, como lengua escrita, estuvo en vigor entre 3000 y 3500 años y que, consecuentemente, sufrió cambios gramaticales, ortográficos y léxicos como ocurre en cualquier lengua, incluidas las contemporáneas. No obstante, es conveniente indicar que estos cambios en ningún caso se produjeron al ritmo que marcaba la lengua hablada, pues esta lengua jeroglífica, esta lengua escrita, era empleada por un reducido grupo de escribas y en ámbitos, además, apegados a las tradiciones como eran los religiosos y funerarios. Se estima, aproximadamente, que el porcentaje de población que hacía uso de la lengua escrita rondaba el 1% en el mejor de los cálculos.

Artículo: Javier Sánchez Páramo

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