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Entender el arte egipcio y no desistir en el intento: La escena de caza de la tumba de Nebamó

Antes de entrar en materia es necesario realizar una pequeña reflexión sobre el concepto de arte, muy condicionado por la cultura en la que se ha desarrollado.

Cada pueblo entiende las manifestaciones plásticas de una manera, su empleo varía dependiendo de la finalidad que posean dentro del imaginario colectivo; por ese motivo, el mundo occidental, la sociedad en la que hemos nacido, tiene una imagen del arte muy concreta, un conjunto de conceptos que, en la gran mayoría de los casos, no casan con el mundo egipcio. Ese problema inicial se puede resolver si, a la hora de aproximarse a las representaciones plásticas egipcias, se hace desde otro ángulo de vista.

Uno de los puntos fundamentales es entender que esas manifestaciones – escultura, monumentos, pintura – no estaban destinadas a ser contempladas, no eran efectuadas para un público, sino que su discurso interno estaba enfocado para otro objetivo: ayudar al difunto en su Otra Vida, venerar a los dioses, mostrar el papel del rey etc., en resumen, su papel era mágico-religioso. Además, las representaciones se regían por el principio de la magia simpática: concepción egipcia por la que creían que la imagen, al ser plasmada en un soporte o tallada sobre un material, adquiría vida propia.

Por eso el cuidado con no representar seres peligrosos para los seres humanos o dioses, tales como serpientes, animales de la noche, enemigos etc. En esos casos se aplicaba una mutilación, se eliminaba alguna de sus partes, o incluso se colocaba un cuchillo encima de la figura, para señalar que se estaba suprimiendo esa amenaza -acto que se llevaba a cabo sobre los jeroglíficos, pues al ser cada uno de ellos imágenes tomadas de la vida real también se tornarían seres vivos-.

La imagen egipcia tiene su propio lenguaje, es una combinación de elementos que, unidos, transmiten un mensaje concreto: la iconografía y la iconología. El primer hace referencia a todos los componentes de la escena; el segundo, al significado de cada uno de ellos y su relación con la imagen en su conjunto, una visión desde lo más particular a lo más general.

Artículo: Irene Santamaría Linares

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