Concluía la segunda parte de este artículo analizando la posible relación entre el descarnamiento de Osiris y las Oriónidas, una circunstancia que podría conectar, igualmente, con la tradición de asociar al ave Fénix con un betilo, esto es, con un meteorito que, después de su impacto contra la superficie terrestre, ha sido elevado al rango sagrado y objeto de culto, como se vio previamente en el número 13 de Egiptología 2.0, en el artículo “Pirámides en Egipto: Los embriones del Fénix”. Por otra parte, trayendo a colación el estudio que vincula al Ojo de Horus con el ciclo de variabilidad de la estrella Algol, la segunda más brillante de la constelación de Perseo, entonces también las Perseidas podrían simbolizar, de alguna forma, el desgarro del globo ocular de este dios, la pérdida de su ojo. Esta lluvia de meteoros, conocida popularmente como las Lágrimas de San Lorenzo, tiene su tasa horaria cenital máxima entre los días 11 y 13 de agosto, aunque su período de actividad es más largo, y abarca desde el 16 de julio hasta el 24 de agosto.

Según los almanaques egipcios, el aniversario de la lucha entre Horus y Seth se conmemoraba el día 26 del primer mes de la inundación. En base al calendario ideal egipcio, que coincide con el civil en las apocatástasis del ciclo sotíaco, el 26 de Tot ocurriría hacia el 14 de julio. Por su parte, la pacificación de los dos combatientes estaba fijada en el día 27 de Hathor, hacia el 15 de septiembre. En medio de este periodo, el día 14 del segundo mes, Horus se alzaba con la corona del Alto y del Bajo Egipto; sabiendo que el 14 de Pa-en-Ipat se correspondería con el 3 de agosto. Si bien las fechas de esta épica contienda entre los sucesores de Osiris se enmarcan dentro del período de actividad de las Perseidas, la escasa o nula importancia que los egipcios le otorgaron a la constelación donde se encuentra su radiante, es un escollo de difícil solución, a menos que, en realidad, detrás de esta lucha se encuentre otro fenómeno astronómico, opción por la que nos inclinamos y que desglosaremos a lo largo de los próximos apartados.

Previamente, ahondar en una de las ideas esbozadas al término de la segunda parte de este artículo, al respecto de la asimilación entre las Perseidas y el engendramiento divino de Perseo y la aplicación de este mismo simbolismo a las Oriónidas, vistas ya no solo como desmembramiento de Osiris sino también como poso residual que propició la gran fertilidad del suelo egipcio. La resurrección de este dios era recordada mediante el levantamiento ritual del pilar Dyed, una ceremonia que marcaba el comienzo de Ta-Aabet, el primer mes de la estación de prt. En el año ideal egipcio, esta fecha ocurría entre 121 y 123 días después del solsticio de verano, lo que equivale a nuestro 20, 21 o 22 de octubre, en pleno apogeo de las Oriónidas.

Artículo: Alfonso Daniel Fernández Pousada