(En cuanto) al tribunal que juzga a los miserables, sabes que ellos no son benignos en el día de juzgar al malvado, en la hora de cumplir con su tarea. Es terrible que el acusador sea un hombre de conocimiento. No pongas tu confianza en la duración de los años, pues ellos ven el tiempo de la vida como una hora. El hombre puede permanecer tras la muerte, pues sus acciones se colocan junto a él como un tesoro, y la existencia allí es eterna. Estúpido es quien hace que ellos (los jueces) se irriten. Y respecto al que llega a ellos sin haber cometido faltas, quedará allí como un dios, yendo libremente, como los señores, eternamente.

Instrucciones a Merikaré, dinastía X.

En su obra “Isis y Osiris” el helenista Plutarco nos ha transmitido una valiosa información acerca del mito de Osiris, antiquísimo monarca que según la leyenda habría traído la civilización al Valle del Nilo. Asesinado por su hermano Seth, paradigma de las fuerzas negativas, que sentía envidia de él y ansiaba usurpar su trono, Osiris habría de retornar de nuevo a la vida gracias a los poderes mágicos de Isis, su esposa y hermana, que contó con la ayuda de Anubis y Thot.

Los Misterios de la muerte y resurrección de Osiris, instituidos según Plutarco por la propia Isis, habrían de ofrecer desde entonces a los hombres la esperanza de una vida eterna en el Más Allá tras la muerte. Convertido Osiris tras su vuelta a la vida en Señor del Reino de los Muertos habrían de producirse diversos enfrentamientos entre su hijo Horus, que pretendía vengar a su padre y acceder al trono en cuanto heredero legítimo y Seth, su tío.

El Juicio de Horus

Se ha conservado un texto, que hoy conocemos como “Las aventuras de Horus y Seth”, fechado en los tiempos de Ramsés V (hacia 1160 a.C.), si bien su origen posiblemente haya que remontarlo a los tiempos del Reino Medio, en el que se narran las disputas entre los dos dioses por la herencia de Osiris. En el mismo se nos ofrece una rica información acerca del Gran Juicio que con ese motivo se celebró en el Tribunal de los Dioses (la Enéada), que estuvo presidido por Atum, el Gran Dios Primordial, llamado Señor Universal en el texto.

Artículo: Ildefonso Robledo Casanova

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