Mucho le debe la egiptología a Auguste Mariette (1821-1881). Sin embargo, al inicio de su carrera como egiptólogo poco lo diferenciaba de un saqueador cualquiera. El siguiente artículo reconstruye las circunstancias históricas que lo condujeron a recorrer Egipto, entre 1857 y 1858, en busca de antigüedades, con prisas, nulo rigor científico y funestas consecuencias.

En 1850, Auguste Mariette, egiptólogo autodidacta, fue enviado a Egipto por el Museo del Louvre, institución para la que había empezado a trabajar un año antes, con el objetivo de comprar papiros coptos. Su misión no tuvo mucho éxito y por no regresar a Paris con las manos vacías decidió utilizar parte de los recursos para excavar en Saqqara clandestinamente. La suerte, o su memoria, pues dijo haber recordado la descripción de Estrabón sobre el lugar, hicieron posible el descubrimiento del Serapeum. De esa manera, su misión acababa en éxito, empezaba a ser reconocido a nivel internacional y se le premiaba con la medalla francesa de la Legión de Honor.

Años más tarde, en el verano de 1857, Napoleón José Carlos Pablo Bonaparte (1822-1891), apodado El Príncipe, político y militar francés, primo y consejero del Emperador Napoleón III, anunció su intención de viajar a Egipto.

Aunque los motivos del viaje eran políticos también tenía interés en recorrer el país y comprar antigüedades con las cuales incrementar su colección privada.

Artículo: Sabina Espejel Nonell

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