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El complejo funerario de Djoser fue el primero edificado completamente en piedra. Los predecesores de este monarca ya utilizaron la piedra, aunque de manera aislada, en sus tumbas. Por ejemplo Khasekhemuy o Den, quien edificó una mastaba hecha de barro cocido donde se introdujo la piedra como enlosado para la cámara funeraria.

La evolución en el uso de este material se hace patente en la edificación de Djoser, realizada por Imhotep. Los primeros bloques de piedra colocados tenían unas dimensiones similares a ladrillos de adobe (de unos 20 cm) mientras que, según se avanza en la construcción, estos bloques llegaron a tener media tonelada de peso y 50 cm de altura. Gracias a la labor llevada a cabo por J. P. Lauer, en este recinto es donde se encuentra la primera evidencia que se conoce de un pórtico, una sala hipóstila y una columnata.

La pirámide fue explorada durante el siglo XIX, aunque los edificios colindantes no se conocieron hasta mediados del siglo XX. La restauración fue llevada a cabo por E. M. Firth, J. E. Quibell y J. P. Lauer. También en época de Ramsés II (1290-1224 a.C.) Din. XIX (1307-1196 a.C), y en la Din. XXVI (664-525 a.C) se sabe que la pirámide y sus edificios fueron explorados e incluso reparados.

Según José Miguel Parra, en su libro “Los constructores de las grandes pirámides” (Ed. Alderabán, 1998), este complejo funerario le proporcionaba a Djoser las vías para una supervivencia en el Más Allá. Estas vías eran: la pirámide, la cual le garantiza alcanzar su destino final; y los edificios de culto, que le aseguran una regeneración ritual eterna.

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