El Egipto antiguo ha generado una auténtica fascinación, tan grande que un sinnúmero de imágenes inspiradas en su específica estética han inundado las diversas manifestaciones artísticas occidentales más modernas. Un, hasta cierto punto ya, rancio gusto egiptomaníaco, ha ido calando sin descanso hasta la actualidad. La moda, la pintura, la arquitectura, la joyería, diseños de distinto tipo han reinterpretado y actualizado una imaginería histórica ya ajena.

El cine no ha sido una excepción. Son muchos los títulos, algunos muy sonados y de renombre, los que han sido inspirados por el milenario Egipto. No pretendo hacer balance generalizado ni siquiera un estudio pormenorizado, algo difícil de sintetizar y que sobrepasaría con mucho el espacio de las siguientes páginas. En consecuencia, voy a centrar mi atención en un título curioso y relevante por diversas razones; una obra alejada de la espectacularidad hollyvudiense: Faraón, del polaco Jerzy Kawalerowicz.

Faraón (Pharaoh), fue una producción cinematográfica polaca (de Zespól Filmowy), del año 1966, con una duración de unos 145 minutos. La película fue dirigida por el afamado realizador Jerzy Kawalerowicz, siguiendo un guion del propio Kawalerowicz y de Tadeusz Konwicki, inspirados a su vez en la novela decimonónica de Boleslav Prus. La música fue responsabilidad de Adam Walacinski y la fotografía de Jerzy Woljcik. En el reparto destacaron Jerzy Zelnik, Andrzej Girtler, Krystyna Mikolajewska, Piotr Pawlowski, Leszek Herdegen y Stanislaw Milski, muchos de los cuales no eran actores profesionales en ese tiempo.

Esta película, un drama histórico centrado en el Antiguo Egipto, resulta ser una suerte de arqueología cinematográfica con probables interpretaciones históricas contemporáneas. La sinopsis nos sitúa en el Reino Nuevo, momento en el cual Egipto se encuentra en una difícil coyuntura. De un lado, los asirios amenazan con invadir el país y, del otro, el empobrecimiento de la población no deja de crecer. Una vez proclamado faraón, el joven Ramsés XIII (faraón, como se volverá a comentar, inexistente en la realidad histórica), decide poner remedio a tal situación sirviéndose de las riquezas de la casta sacerdotal, que concentra en sus manos un fuerte poder económico, religioso y también político.

Artículo: Julio López Saco

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