El II milenio a.C. fue una etapa de gran florecimiento cultural y comercial en el Próximo Oriente y el Mediterráneo oriental. A partir de la segunda mitad del milenio, el escenario político aparece dominado por Hatti y Egipto alcanzando cierto equilibrio, a los que se suman otras entidades políticas de importancia secundaria, como Carchemish, Mittani, Elam o Asiria, además de varios estados comerciales de escaso territorio (Ugarit, Tiro, Biblos, Sidón, etc.) y ciudades como las de Alashiya (Chipre), políticamente menos centralizadas. Sin embargo, en los últimos siglos que marcaron la transición de la Edad del Bronce a la Edad del Hierro, se dieron una serie de cambios profundos en toda la zona, de los cuales se ha responsabilizado en gran medida a los denominados “Pueblos del Mar”, aunque existiendo diferentes hipótesis sobre el germen de la convulsión y el verdadero impacto que produjeron.

Egipto no fue ajena a las nuevas dinámicas y amenazas, fijando en el reinado de Ramsés III el principal enfrentamiento con estos pueblos, aunque, como se verá, deben ser tratados como una consecuencia de los cambios que se fueron fraguando en el ámbito nacional e internacional, ya desde la dinastía XVIII. Para acometer el estudio de los conflictos que relacionaron a los Pueblos del Mar con Egipto contamos con variadas fuentes, como la Estela de Merenptha, o los famosos relieves de Medinet Habu, además de disponer de referencias posteriores a la Batalla del Delta, como el Papiro Harris.

Los Pueblos del Mar atacaron primeramente la zona de Anatolia, llegando hasta Hatti y derrotándola con poco esfuerzo. Lo mismo sucede con Chipre, isla estratégica por el cobre, y con las ciudades de la costa siriopalestina, provocando la caída de Ugarit entre otras. Egipto fue la única gran potencia que logró repelerlos, aunque perdió gran parte de sus dominios asiáticos, pasando a tomar a partir de entonces un papel defensivo y en progresivo deterioro.

A finales del II milenio a.C. todo el Próximo Oriente y el Mediterráneo oriental se encontraba sufriendo transformaciones profundas, entre las que destacan los movimientos migratorios masivos. La desestabilidad y los conflictos dominan la esfera internacional, por lo que resulta necesario conocer el marco en el que se encontraron (y al que contribuyeron) los ataques de los Pueblos del Mar. Estas dinámicas despojaron del protagonismo internacional a las potencias dominantes, como los casitas, hititas y mitanios, imperios que ya eran propensos a la inestabilidad. La principal duda a la hora de analizar este panorama recae en si se produjo de una manera repentina o si estamos tratando un proceso de formación gradual cuya culminación se dio con los Pueblos del Mar, por lo que hay que estudiar la situación de una manera global.

Asumiendo la tesis multifactorial, se podrían diferenciar los principales factores de desestabilización a finales de la Edad del Bronce como internos y externos, intrínsecamente ligados y en retroalimentación continua. Entre los internos, destacaron la caída de los niveles de producción y el incipiente ascenso de la inseguridad, provocando a su vez la huida a zonas más seguras y la disminución de los flujos comerciales, lo que hizo que los factores internacionales, como fueron las migraciones arameas y los movimientos de los Pueblos del Mar, tuviesen mayor repercusión, a lo que se podrían sumar importantes variaciones climáticas. Ambos contingentes migratorios compartieron responsabilidad, pero ni fueron los únicos causantes de la crisis, ni hay que sobrevalorar su aportación poblacional, pasando a integrarse y diluirse a excepción de los peleset (posibles filisteos de las fuentes bíblicas). Si estos pueblos desmantelan y arrasan el sistema de las tierras a las que llegan es porque ya existían problemas internos, además de relaciones con las gentes locales, por lo que no fueron necesariamente invasores desconocidos.

Artículo: Luis Miguel Carranza Peco

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