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El dios Khepri era la forma del dios Sol que representaba al disco solar cuando surgía por el horizonte oriental, es decir, era uno de los tres aspectos de la divinidad solar durante el día: Khepri era considerado el sol de la mañana, Ra el poderoso sol del mediodía y Atum el sol anciano y moribundo del atardecer.

Simbolizaban las tres divisiones del día egipcio: la mañana, el mediodía y la tarde (Tyldesley, 2010, 48). Tal es el caso, que los egipcios dejaron constancia de esta creencia, como vemos en una representación de la tumba de Seti II (KV 15), con las tres mencionadas divinidades encarnando la totalidad del día (Schulz y Seidel, 2012, 522).

Al igual que otras muchas divinidades cósmicas, Khepri no poseyó culto propio, aunque los restos parecen indicar que recibió honores en muchos templos dedicados a otros dioses, además de ser implorado cada mañana al emerger el nuevo día, anunciando la llegada de Ra. El escarabeo colosal sobre un plinto erigido por Amenhotep III en su templo funerario y luego trasladado al lago sagrado del Templo de Karnak es un claro ejemplo de la importancia del dios Khepri en la arquitectura de los templos egipcios (Wilkinson, 2003b, 232). La inscripción incluye las palabras del dios sol como Khepri: “tú eres el señor de lo que el Disco (Atón) ilumina” (Quirke, 2003).

En este sentido, se documentan amuletos con forma de escarabajos peloteros a partir de la V dinastía, convirtiéndose en los amuletos más famosos del antiguo Egipto (Wilkinson, 2003b, 232). Los escarabeos también fueron utilizados a modo de sellos durante el Primer Periodo Intermedio (Tyldesley, 2010, 48). Desde el Reino Medio, fueron utilizados como soportes de inscripciones propagandísticas, nombres y títulos de los propietarios, nombres de dioses y reyes, y motivos decorativos grabados en su parte plana, tal y como hizo Amenhotep III (Tyldesley, 2010, 48s).

El escarabajo pelotero (Scarbaeus sacer) tenía la costumbre de hacer rodar una pelota de barro y excremento, modo que asimilaron los egipcios para la representación del dios, que empujaba el disco solar a través del cielo. De igual manera, la hembra del escarabajo pone los huevos dentro de esta pelota, de modo que cuando los huevos eclosionaban, los observadores pensaban que los escarabajos eran seres masculinos capaces de autocrearse. Esta creencia la observamos en la obra de Plutarco.

Artículo: José Luis Azorín Navarro

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