Las cabezas funerarias, llamadas también “de reserva” o “de sustitución”, son esculturas de cabezas de piedra caliza de tamaño natural, (entre 25 y 30 cm de alto) con los rasgos tan individuales que se suelen considerar verdaderos retratos, aunque inexpresivos e intemporales y con una mezcla de realismo e idealización.

Son representadas sin orejas, ya sea por no haber sido esculpidas o por haber sido mutiladas, sin que se conozca la razón. A veces aparecen los ojos dañados, aunque tampoco se sabe si intencionadamente.

Son completamente blancas, sin ninguna representación más que el propio relieve de los rasgos faciales, y unas líneas alrededor del cuello y la parte posterior de la cabeza, de las que tampoco se sabe el significado, aunque autores como Hermoso Cuesta hablan de la posible señal que demarcaría el nacimiento del cabello.

La primera fue descubierta por Jacques de Morgan, que por aquel entonces era el Director General del Servicio Francés de Antigüedades de Egipto. Ocurrió en 1894 en Dashur, y está conservada en el Museo del Cairo.

Ludwig Brochardt a principios del siglo XX, fue el que las denominó “Cabezas de reserva”, ya que, para él, tenían la misión de ser sustitutivas de las del difunto, en caso de que la propia fuera destruida.

Han sido descubiertas más de treinta ejemplares (se conservan treinta y seis), muchas de ellas por George Andrew Reisner, y todas ellas en el corredor que comunica el pozo con la cámara funeraria de las tumbas de particulares en la necrópolis de Menfis, sobre todo en Gizah (aunque algunas en Dashur, Saqqara y Abusir) , por lo que debían estar cerca del cadáver. Probablemente no fuera esa su posición original, ya que se encontraron en tumbas saqueadas, y la única que se ha encontrado en su lugar, al no ser la tumbaprofnada, estaba frente al sarcófago.

Artículo: Marta Pérez Torres

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