Durante el neolítico, los yacimientos que han sacado a la luz las más arcaicas aldeas agrícolas en Egipto son, cronológicamente hablando, más tardías que aquellos asentamientos neolíticos de las zonas del suroeste de Asia. Además, se encuentran más dispersos. Los célebres yacimientos de El Fayum (Fayum A y B) ya presentan, en cualquier caso, una economía aldeana bastante establecida.

La región había permitido el aprovechamiento de los recursos hídricos para la agricultura a lo largo de toda la depresión, si bien también se ha constatado la cría de ganado, quedando la caza como un recurso limitado. Las viviendas, de pequeño tamaño y con paredes hechas en barro, solían ser de forma oval y semisubterráneas. La agricultura debió introducirse en El Fayum no mucho antes del 5500 a.e.c., en una época muy posterior al surgimiento de cultivos en las tierras altas mesopotámicas. Este hecho, no obstante, no significa necesariamente que la tecnología y las ideas relacionadas con las actividades agropecuarias hayan llegado a Egipto desde el suroeste de Asia.

Estas primeras aldeas egipcias no tardaron en evolucionar para dar lugar a asentamientos más extensos, en los que la cultura material es abundante. Ya en el Neolítico se precisa una diferencia entre los materiales sureños y del norte, consonantes con sus respectivos espacios geográficos. Un sur estrecho con una angosta franja cultivable, y un norte llano y bajo (el delta). Las culturas son diferentes, en determinados elementos, en uno y otro lugar. La administración política del estado egipcio medirá su éxito en virtud del mayor o menor grado cohesivo que consiga entre las poblaciones de ambas regiones.

Las culturas predinásticas egipcias, así como su desarrollo, son mejor conocidas en el norte, gracias a dos factores relevantes: una mayor intensidad arqueológica y una más débil colmatación sedimentaria. Las investigaciones sobre la primera fase del predinástico del Alto Egipto, el badariense (entre el Neolítico y el Calcolítico o Eneolítico) han mostrado que las antiguas gentes debieron vivir de un modo análogo al de sus congéneres del neolítico. Agricultores y recolectores, también moraron en cabañas de barro de reducidas dimensiones.

Artículo: Julio López Saco