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Animales momificados en la antigüedad egipcia: aspectos mítico-religiosos

Los animales estuvieron muy presentes en gran cantidad de manifestaciones culturales del Egipto antiguo. Aparecen como pictogramas en la escritura jeroglífica y como motivos ornamentales en los objetos cotidianos.

Los primeros ejemplos corresponden a ciertos útiles relacionados con la cosmética y la medicina del Período Predinástico.

Con posterioridad se muestran animales (hipopótamos, patos, babuinos) representados en las cucharas de cosméticos y en los recipientes de afeites.

En la mitología, los animales se contemplaban como una manifestación de prototipos religiosos que referían fuerzas de la naturaleza. Simbolizaban los aspectos instintivos, así como las fuerzas cósmicas, materiales y espirituales. Se los reverenciaba con la intención de establecer una conexión a través de ellos con el mundo sobrenatural.

Es un hecho irrefutable que los antiguos egipcios momificaban seres humanos, generalmente monarcas, nobles y posteriormente particulares, pero también era una práctica habitual con animales, cuya esencia sacra siempre estaba presente. Serían acompañantes del muerto en la vida eterna, ejerciendo su papel de mascotas en la otra vida, auténticas ofrendas dedicadas a las deidades.

Hay una enorme variedad de animales momificados, entre los que destacan gatos, escarabajos, peces (particularmente siluros y percas del Nilo), aves, perros, monos (en especial babuinos, comolos hallados en las catacumbas de Tuna el-Gebel), gacelas, toros, serpientes, mangostas y cocodrilos. De modo genérico, los expertos embalsamadores extraían las vísceras, lavaban y secaban el cuerpo, para luego desecarlo y desgrasarlo en natrón (sal y bicarbonato).

Tras un determinado período de tiempo, se ungía con resinas y con aceites sagrados, y posteriormente se envolvía en vendas de lino y se colocaba en un féretro o era inhumado.

Las mascotas se enterraban, algunas veces, con sus dueños. Es el caso de un tal Hapi-Min, un hombre que preparadas para ser consumidas, si bien eran desecadas y ungidas con aceites y resinas perfumadas, para luego ser vendadas, seguramente al mismo tiempo que se recitaban oraciones propiciatorias. Finalmente, se ubicaban en diminutos ataúdes con forma de ave. Este tipo de ofrenda sacrificial estuvo muy extendida en la mayoría de los enterramientos elitescos del Reino Nuevo, entre los siglos XVI y XI a.e.c. En la famosa tumba de Tutankhamón en el Valle de los Reyes se hallaron una serie de objetos de madera con forma de huevo que contenían patos atados con la intención de servir de ofrenda alimenticia para el soberano.

No cabe duda de la existencia de determinados animales que se consideraban sacros. Se les veneraba como auténticas manifestaciones divinas en la tierra. En tal sentido, los antiguos egipcios pensaban que una deidad asimilaba su esencia con el cuerpo de un animal concreto, cuya elección dependía de señales visibles, como ciertos diseños o determinados colores de la piel, lo cual los hacían reconocibles para el común de la gente pero sobre todo, para los sacerdotes de la deidad. Mientras estaba vivo, el animal era adorado y tratado como del mismo modo que si fuera el dios mismo, recibiendo cuidados especiales que facilitaban su longevidad vital, en tanto que tras su muerte, era momificado e inhumado. En ese instante, el espíritu divino que animaba al animal se trasladaba a otro.

Artículo: Julio López Saco