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Animales en el Antiguo Egipto: Mascotas y dioses

Los antiguos egipcios demostraron a lo largo de su historia un afecto y respeto especiales por los animales que compartían su entorno, ya fuera como animales de compañía o como representaciones de los dioses a los que adoraban; aunque todo el mundo asocie al gato con el antiguo Egipto, también tuvieron perros o monos como mascotas, y entre los dioses con forma animal encontramos desde cocodrilos hasta ranas.

El historiador griego Herodoto nos dejó constancia en sus escritos del dolor que sentían los egipcios cuando alguna de sus apreciadas mascotas moría: cuando era un felino el que fallecía, los habitantes de la casa se depilaban las cejas en señal de duelo; si el que moría era un perro, se afeitaban todo el cuerpo, incluida la cabeza.

La creencia en que las imágenes tenían un poder mágico les llevó a representarse en las pinturas de sus tumbas con sus peludos amigos, creyendo que así seguirían gozando de su compañía en la vida eterna. Gracias a esto, los egiptólogos disponen de una fuente de información acerca de las características de las especies y razas de estos animales, sobre su domesticación, o las prácticas veterinarias que empleaban cuando la mascota lo necesitaba.

Perros

En egipcio iu, o también tyesem. Los artistas egipcios nos dejaron bien en forma de estatuillas, bien en las paredes de las tumbas representaciones, con todo detalle, de las diferentes especies y razas: cómo eran sus pelajes, si tenían orejas grandes y caídas o bien puntiagudas y rectas,  o si eran de tamaño pequeño o grande. Entre estos últimos canes destaca el lebrero, de hocico alargado, patas largas y delgadas y rabo curvado, que eran usados para cazar leones y antílopes en el desierto. Otros, por el contrario, eran de patas cortas y pequeño tamaño.

Al estar domesticados, se les permitía andar por la casa y estar en contacto con la familia. Incluso llevaban collares y correas, como en la actualidad.

Muchos egipcios incluyeron en sus estelas funerarias el nombre de sus perros,  de modo que nos han llegado ejemplos de nombres como: “Buen vigilante”, “Ladrador” u “Orejas puntiagudas”.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

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