Compartir

La representación de la vida amorosa y sexual de los antiguos egipcios es escasa y menos explícita que en otras civilizaciones antiguas, como Grecia o Roma. Pero podemos saber algo de cómo fue gracias a los poemas amorosos, los óstraca con escenas explícitas, el llamado Papiro erótico de Turín, los exvotos y amuletos sexuales, o las escasas referencias en mitos y literatura.

Según la llamada cosmogonía heliopolitana, surgida en la ciudad del dios del sol, Heliópolis (Iunu para los egipcios), el creador de todo fue Atum, el sol del atardecer. Como en un principio sólo existía él, tuvo que recurrir a la masturbación para crear a la primera pareja de dioses, Shu y Tefnut, con su semen. En palabras del dios: Yo soy quien fornicó con mi puño. Yo me masturbé con mi mano.

Con el tiempo, esta historia daría origen al título religioso de Mano del dios . Algunos egiptólogos creen que, aunque no nos haya quedado constancia, sería plausible que se celebrase algún tipo de ritual en el templo durante el cual, emulando al dios Atum, la esposa del faraón, como Mano del dios , masturbara a su esposo.

De modo que para los antiguos egipcios este acto de autosatisfacción no representaba ningún tipo de comportamiento pecaminoso.

Al mismo tiempo, sin embargo, y según cuenta Heródoto, los egipcios fueron los primeros en prohibir mantener relaciones sexuales dentro del recinto del templo. En el capítulo 125 del Libro de los muertos, conocido como la confesión negativa, se dice: “No he fornicado en el Lugar Puro perteneciente al dios de mi ciudad”.

Artículo: María Isabel Cubas Contreras

Si quieres leer el artículo completo, descarga la revista completa y totalmente gratuita haciendo click aquí.